martes, 1 de agosto de 2023

Andar y hacer camino


Dentro de unas décadas, es muy probable que se dediquen estudios a los libros surgidos durante la pandemia originada por el covid-19 y las peculiaridades que comparten. La magnitud de lo bello de Gloria Ordinola es uno de ellos. Se percibe en sus páginas el contexto de encierro, la pérdida, los cuidados y muchos de los cambios en el estilo de vida a los que tuvimos que adaptarnos durante este periodo. Se percibe también la gratitud por la vida en medio de la muerte. Si todo libro es un viaje, ya sea en el espacio o en el tiempo, este poemario nos traslada claramente, sobre todo en su primera sección, a 2020, y a la mezcla de preocupación, miedo, tristeza, impotencia, agradecimiento, transformaciones y extrañeza que trajo consigo. 

La magnitud de lo bello da cuenta del trayecto de la voz poética por distintas esferas de la vida y sus grandes amores y pasiones. Comprende cerca de cuarenta poemas divididos en cuatro secciones: La fuerza del linaje, Una fuerza llamada amor, La dirección del tiempo y La fuerza de lo bello. Por medio de ellas, y con un lenguaje claro y asequible, retrata escenas cotidianas que evidencian el camino recorrido, las experiencias del pasado, al que se alude con nostalgia y añoranza, así como algunos referentes de nuestra historia contemporánea. El yo poético nos da a conocer sus más grandes amores, sus luchas, su pasión por el arte y su fe, que viene a ser un elemento constante en muchos de los poemas. 

La fuerza del linaje incluye trece poemas que presentan parte de nuestro patrimonio nacional mediante peruanos ilustres del ayer y de hoy, con sus lecciones cotidianas, sus luchas, su defensa de nuestra patria y su legado. Abre la sección un sentido poema dedicado a Inti y Bryan, los jóvenes que perdieron la vida a causa de la represión policial en la marcha nacional en contra de la presidencia de Manuel Merino y el Congreso: 


¡Hijos míos, no han muerto! 

Se han ido con la patria, 

para hacerla grande y justa, 

entre proyectiles y bombas. 


También se hacen presentes otros héroes contemporáneos anónimos como los maestros, que en tiempo de cuarentena tuvieron que adaptarse a estrategias de enseñanza muy distintas a las acostumbradas: 


La lección es difícil 

entre plataformas y pantallas, 

sin el cobijo del aula 


Asimismo, se halla el personal técnico y de salud, que mostró especial dedicación y entrega durante la pandemia. Encontramos, además, poemas dedicados a referentes históricos, geográficos y culturales, como Atahualpa, Carlos Augusto Salaverry, el Señor del Chira, la Puerta del Sol y la ciudad de Paita. Todos ellos como parte de este linaje que no solo se conforma de huellas del pasado, sino de todas y todos aquellos que siguen forjando nuestra nación. 

En el poema «Camino del andar» se mira hacia atrás el camino propio de la voz poética, con nostalgia y orgullo, como parte de un recorrido compartido: 


Mis pasos ya no son los mismos del ayer 

sus huellas hablan de quehacer y trajinar, 

itinerarios de un aguerrido y virtuoso vivir 

que hoy quisiera volver a sentir.


Una fuerza llamada amor reúne diez poemas dedicados al amor en sus diversas dimensiones. El amor al padre:


Tallas el coraje y la paciencia, 

para criarme con amor, 

entre tanto infortunio y desventura.


También a la madre:


Si las canciones de cuna están en el ayer 

hoy las canto para alegrar tu querer. 

Si la fuerza del viento se lleva tu tiempo, 

¡no temas, mamá!, siempre estaré contigo.


El amor de pareja:


El amor se volvió 

luz para sus pasos, 

manantial divino, 

abrigo de los corazones, 

besos y caricias sin horario, 

día a día.


Al maestro: 


Aún taconea en mi mente el caminar atinado

que repica enseñanzas de aquellos maestros

que impartieron la tarea con paciencia y fe


La amistad: 


Juntas otra vez 

tratando de alcanzar con el alma 

ese ayer que guardó nuestra adolescencia


Y la fe o el amor a Dios:


Mi Señor de Muruhuay, 

fortaleza de este lugar, 

Tarma y Junín te adoran, 

Acobamba te venera, 

entre rocas, piedras y montañas.


La dirección del tiempo reúne siete poemas que dan cuenta de adversidades de distintos tipos y la lucha que se emprende ante ellas. Varios de estos poemas se dirigen a la mujer, su trajinar y su valentía:


Las estrellas son tuyas, 

también el coraje, 

arma de tus luchas 

heredada con el tiempo, 

por una y mil osadas 

como rayos de sol.


Así, construye una imagen poderosa del mundo femenino, con sus luchas diarias ante la adversidad y los peligros:


Tus pies avanzan curtidos y descalzos, 

sobre piedras que estorban los caminos, 

enfrentan con coraje, noche y día, 

esas fieras que acechan tus pasos.


Otros poemas dan cuenta de desastres naturales como huaicos e inundaciones, así como la muerte y destrucción que dejan a su paso:


Entre piedras, cenizas y dolor, 

ocultó restos de inocentes 

(…) 

Mató la esperanza de un mañana, 

allá en los cerros y montes.


La fuerza de lo bello, sección final, comprende seis poemas dedicados al arte, la poesía y la trascendencia de la creación. Podemos encontrar en esta división aquellas disciplinas artísticas que apasionan a la voz poética, ya sea al apreciarlas como espectadora o al exaltarlas desde la propia creación. La contemplación del arte también le genera preguntas, que nos acercan al cuestionamiento de qué puede hacer el arte ante la vida y sus contingencias:


Dime, pintor, 

al niño que corre sin abrigo, ¿de qué color lo pintas? 

¿acaso hay un color para el hambre y otro para el frío?


Esbozará también los lugares en los que vive la poesía: 


en las coplas de una canción, 

en la voz del silencio amordazado 

en el corazón extraviado y sin aliento 


Y celebrará a sus maestros de poesía al decirles:


Sois un poema.


En suma, la voz poética que transita estos textos se percibe como una emisión con el poder de la experiencia, que despliega con orgullo, autoridad y cierta nostalgia todo lo vivido. A pesar del camino recorrido, que da a conocer en distintos ámbitos, no pierde la capacidad del asombro y la extrañeza frente a lo desconocido, así como la posibilidad de conmoverse ante el arte, la pérdida, la injusticia y el dolor ajeno. 


Becky Urbina





Ficha técnica
Título: La magnitud de lo bello
Autora: Gloria Ordinola 
Género: poesía
ISBN: 978-612-4452-61-1
Sello/editorial: Sietevientos Editores 
Ciudad y año de publicación: Sullana, 2022
Tamaño: 15 x 20.5 cm
Peso: 124 g
Páginas: 88
Precio de venta: S/ 20
Reseña de contraportada: La magnitud de lo bello no está en esto o en aquello, no está en él o en ella, ni en la calle, ni afuera. Está ahí en tu corazón, en esa fuerza de tu espíritu que se levanta con el sol, en tu quehacer de cada día. La magnitud de lo bello está en la entrega para ser sol, cielo, mar sereno y azul.
Biografía: Gloria Ordinola es profesora y escritora. Egresó de la Escuela Normal de Mujeres de Sullana. Es licenciada en Educación por la Universidad de Piura y magíster en Psicopedagogía. Es autora de dos poemarios y una antología. 

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viernes, 21 de julio de 2023

Destacable solidez


El cuento ha sido casi siempre un género en el que los experimentos formales han tenido escasa fortuna y, al menos desde que Poe firmó la casi eterna forma del cuento moderno, sus características —estilos más, estilos menos— se han mantenido intactos. Un eje dramático que privilegia el sentido de la tensión, la brevedad y un final sorpresivo, de efecto variado, especialmente irónico, continúan siendo ingredientes centrales, acaso invariables, en un relato.

Luego de leer los relatos que componen El romántico de Carlos Luján Andrade, uno encuentra que esas lecciones han sido tomadas con provecho. Pero hay que añadir también unas depuradas maneras de afrontar el realismo, haciendo un doble movimiento: mirando hacia la tradición y construyendo un lenguaje personal. 

La mirada a la tradición en estos relatos tiene sin duda una impronta ribeyriana: un vasto catálogo de personajes atrapados en alguna obsesión, empeñados en derrotar al destino inexorable de sus vidas. La lucha es desigual e inútil; de ellas surge un conmovedor sentido heroico, de varias tonalidades, que es el que traslucen muchas de las criaturas que pueblan las páginas de este libro de Luján Andrade. 

La construcción de un lenguaje personal tiene que ver con la gama de sentimientos que van suscitando los cuentos en relación con sus escenarios y vertientes: si se trata del ámbito urbano, el relato se decanta por una expresión de descreimiento; los textos de tono cercano al fantástico, en cambio, muestran una proclividad a lo libresco y ofrecen un singular reto interpretativo; sus incursiones en el mundo rural amplifican sensaciones perturbadoras. 

El cuento inicial, titulado «La noticia», presenta algunos aspectos singulares, sin alejarse demasiado de lo dicho aquí sobre la práctica realista. Es de interés que el narrador emplee el vocativo en su relato: «No quería que se lo dijeras, era todo lo que te pedía» (p. 13), dicen las primeras líneas. En adelante, el sentido del cuento es la confrontación de un personaje y en un verdadero giro argumental. Luego de enumerar profusamente las malas acciones cometidas por el personaje, se suma el sarcasmo: este es, ni más ni menos, un sacerdote. Una variante creativa de la antigua lucha entre el ser y el parecer (la apariencia).

El cuento siguiente, «Siete moscas», se ubica en la orilla de lo extraño, de lo insólito. Combina la superstición y recuerda, como intertexto remoto, a un cuento de hadas en el que el personaje mata siete moscas de un solo golpe —«El sastrecillo valiente»—, quien gracias a esta hazaña viaja por el mundo enfrentando diversos peligros y combatiendo con seres sobrenaturales. Luján Andrade plantea este esquema, pero lo coloca en el contexto social: matar siete moscas decidirá el rumbo de una negociación entre una empresa minera y la comunidad. 

Otro cuento destacable es «Selección de personal», de trasfondo kafkiano, pues propone situaciones en las que la lógica se torna difusa, las cosas se acercan cada vez más al absurdo, y en el final brilla la ironía, considerando el trabajo, visto como práctica de dominación, como un verdadero tesoro. 

Estos tres relatos, de alguna forma, marcan el tono del libro y las posibilidades de estilo y significado descritas anteriormente.

El libro se divide en dos partes, y en la segunda se encuentran logros tan destacables como en la primera. El cuento «¿Recuerdas el fútbol peruano?», por ejemplo, juega con un referente popular ineludible en nuestro país, pero en un relato de corte futurista: «El fútbol ha dejado de ser un deporte popular hace muchos años, y él, un hombre de noventa y cinco años, era el último sobreviviente del último título nacional del ya extinto club Alianza Lima» (p. 119). 

A esa segunda parte pertenece también «El lenguaje», un relato que intenta retratar una situación primigenia: el nacimiento del lenguaje, el nacimiento de un mundo, tema que tiene, sin duda, reminiscencias borgianas (recordemos, por ejemplo, «Las ruinas circulares»). El personaje es expuesto a las fuerzas de la naturaleza y el paisaje, sus sentidos van aprehendiendo todo con rigurosa curiosidad y apetito, así descubre sonidos, formas, secretas armonías. Se trata del cuento con un lenguaje más cercano a lo poético y, por momentos, con un aliento de ensayo filosófico: «Tétricas eran las noches, ya no podía ver mucho por la escasa claridad y me consolaba con el recuerdo de lo creado y visto en el transcurso del día. Mi memoria era frágil pues no podía recordar más allá del día que había despertado sobre unas hojas secas. Era tal mi desconcierto que asumí que ese fue mi nacimiento, mi primera vez sobre la vida y lo visto no era otra cosa que una primera experiencia» (p. 109).

El conjunto de diecinueve relatos que dan forma a El romántico es bastante parejo, aunque, por supuesto, destacan algunos cuentos sobre otros, como los que se han detallado líneas arriba. El conjunto muestra una solidez destacable y deja en los lectores la sensación de que el cuento es uno de los mejores vehículos expresivos de la experiencia humana. Sus personajes, atormentados por sus deseos, por su pasado, por su presente o marcados por un destino ante el cual se saben derrotados de antemano, forman un mosaico en el que podemos reconocer muchas de las ansiedades, los miedos, los espantos que ensombrecen la vida contemporánea. En eso radica, creo, el aporte de este libro, que considero de lectura necesaria. 


Alonso Rabí Do Carmo





Ficha técnica
Título: El romántico
Autor: Carlos E. Luján Andrade 
Género: cuento
ISBN: 978-612-48536-6-1
Sello/editorial: Dendro Ediciones 
Ciudad y año de publicación: Lima, 2022
Tamaño: 14 x 21 cm
Peso: 210 g
Páginas: 152
Precio de venta: S/ 39
Reseña de contraportada: El romántico, de Carlos E. Luján Andrade, no es solo la visión sentimental, subjetiva o lírica de un universo personal, sino el reflejo exacto de lo que nos define como humanos. Este libro, potente de imaginación, ha sido escrito con una maestría para contar historias que convocan a diversos personajes que, en la diversidad contradictoria del mundo de hoy, con el actual pesimismo y materialismo nihilista, trasgreden o violentan sus destinos o el sentido mismo del viejo fatum. Excelente lectura para románticos y no románticos. (Miguel Ildefonso) Este libro de relatos destaca por desarrollar los grandes tópicos que fueron abordados por los maestros del género en nuestro país: el realismo desencantado, lo fantástico enigmático, lo urbano desafiante y lo rural sobrecogedor. Sus protagonistas son seres que han intentado rebelarse contra un destino amargo, pero que al final sucumbieron ante él junto con sus sueños y sus ideales. Con prosa sucinta, estilo directo y gran dominio del lenguaje, el lector se sumergirá en sus páginas con el placer que se disfruta ante los buenos libros. (Francois Villanueva Paravicino).
Biografía: Carlos E. Luján Andrade (Lima, 1978) es egresado de Derecho en la Universidad de Lima, con estudios en la Maestría en Sociología de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado el libro El comedio del breñal (2016) y el poemario bifronte Soundtrack /Miles de misiles (2011). Fue director y coordinador de las revistas de ideas Lanceros (2007) y El Círculo de Tiza (2002-2004). Ha recibido diversas menciones honrosas en concursos literarios y extranjeros. Sus escritos han sido incluidos en publicaciones nacionales e internacionales, así como sus poemas han aparecido en diversas antologías.

Lugares de venta
El Virrey (calle Bolognesi 510, Miraflores) y Amazon.



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martes, 11 de julio de 2023

Alcanzar la orilla opuesta


«Chimba» o «chimbar» es una palabra que, en el lenguaje popular de la selva amazónica peruana, se emplea para señalar que se ha cruzado el río, a nado o en balsa, y se ha llegado a la otra orilla. «¡Chimba!» se dice como una manera de haber logrado con éxito y satisfacción dicha empresa o reto, si la ocasión lo amerita. La palabra tiene un origen quechua y algunas acepciones en el Diccionario histórico de la lengua española le otorgan para Perú, Chile, Bolivia y Argentina, «orilla opuesta de un río», «barrio que se sitúa a las afueras de una ciudad, especialmente en la orilla opuesta del río» o «parte de un río con fondo firme, llano y poco profundo, por donde se puede pasar andando, cabalgando o en un vehículo». Otra docena de significados se le da en el resto de países sudamericanos. En cualquier caso, en las acepciones citadas, tiene una connotación de movimiento y de traslado de un lugar a otro.

Chimba también puede ser leída como una metáfora para nombrar el paso de la vida a la muerte: la otra orilla, aquella a la que todos, invariablemente, y más tarde o temprano, vamos a arribar, por vejez, enfermedad, deseo propio o circunstancias imprevistas. Los designios insospechados de la existencia humana que tendrán su final en aquella orilla insondable que es la muerte, el fin.

Obituario (2021) de Melissa Mendieta (Loreto, 1983) tiene que ver con este corpus en el que el paso de la vida a la muerte es elemento central de los textos que lo integran. No es ninguna casualidad el título del libro ni que el primer texto se titule «Chimba». De esta forma, Obituario va más allá de las notas necrológicas que se suelen escribir cuando las personas mueren, si nos atenemos al significado literal; más bien, es una observación y exploración a la chimba entre las orillas de la vida y la muerte.


Libro diverso

Obituario está conformado por un conjunto de textos que se circunscriben en el registro literario y ficcional, la crónica y el testimonio. Mendieta toma como escenario el imaginario de la Amazonía peruana, especialmente la región Loreto, en el que introduce un tema universal: la muerte. De la lectura se puede desprender que esta es la pulsión determinante que guía la escritura de la autora, tal vez con una cierta obsesión que necesita expiar, pues ella misma —podemos suponer—, como se advierte en el texto «Crónica del vuelo 204», ha vivido una experiencia en la que ha estado muy cerca de la muerte. 

Fue en agosto de 2005, en circunstancias en que el avión en el que volaba rumbo a Iquitos se estrelló cerca de Pucallpa. Un poco menos de la mitad de los noventa y ocho pasajeros murieron, y ella estuvo entre los supervivientes. ¿Milagro? ¿Suerte? Nunca lo sabrá. Sin embargo, pese a haberse salvado, el dolor se acrecentó días después cuando los periódicos locales publicaron los obituarios de los fallecidos. ¿Acaso una suerte de culpa por haber sobrevivido? «Lo vivido en ese fatídico día aún duele, no puedo decir que lo he superado por completo, mentiría si lo afirmo, pues los sucesos de nuestra vida nos marcan, nos acompañarán siempre, pero uno aprende a vivir con ellos» (p. 65), escribe. 

Si aquí la muerte ha estado muy cerca de materializarse, más bien, en los relatos de registro ficcional «Lágrimas de Margarita» y «Sueño sin sueño», la muerte es palpable. En el primero, Camilo Romero, guardián de la morgue del Ministerio Público de Iquitos, recuerda con nostalgia a su primera novia, Gloria, quien ha muerto de cáncer años atrás. Acude al cementerio a menudo para visitar su tumba y consolarse, pero el destino querrá que la relación entre ellos nunca se rompa cuando Camilo se entere de que ha tenido una hija con Gloria, a quien no conoce. Empezará entonces una historia... 

En el segundo, haciendo uso de guiños fantásticos, la autora presenta a Vanessa, una muchacha que muere en circunstancias desconocidas horas después de que su novio le ha propuesto matrimonio. Lo insólito es que ella misma asiste a su velorio y entierro, y se ve a sí misma dentro del ataúd, aunque nadie advierta su presencia, a excepción de sus hermanos menores, pues solo los niños pueden verla. La historia se apoya en un drama amoroso y el misterio llega al clímax, gracias a un objeto valioso: el anillo de compromiso. A la manera del beso del príncipe que despierta a la bella durmiente, el cuerpo inerte de Vanessa deberá guardar consigo el anillo para poder morir completamente y dejar de vagar. En ambos relatos, como en la mayoría de los textos, el espacio del cementerio tiene un lugar preponderante. Es allí donde los personajes logran articular sus historias y entender las claves que conducirán sus pasos hacia la vida o hacia la muerte.


Covid-19 y muerte

Los relatos «Querer y no poder», «El final del viaje» y «El heraldo» nos acercan a la muerte en el contexto de la enfermedad de la covid-19 en Iquitos. La autora, haciendo uso de la crónica y la ficción, recrea la compleja y triste situación que se vivió en esta región durante la pandemia. Desde luego, el tema de la muerte es lo que marca el ritmo narrativo.

Álex, un estudiante de Medicina, en «Querer y no poder», hará todo lo posible para salvar de la muerte a su padre, Alejandro de la Puente, un reputado médico, quien ha contraído la covid-19 en funciones. La situación lo obligará a presentarse como voluntario en la pavorosa Sala Covid del hospital regional para estar cerca de su padre, donde ha sido internado. Este es el fondo que sirve para una historia de lucha en la que emergen los temores, la esperanza, el destino y el futuro que Álex deberá emprender, pues tendrá que conservar el legado de su padre. Un pasaje da cuenta de la labor del padre Raymundo quien, en la vida real, lideró la colecta ciudadana para la compra de plantas de oxígeno en Iquitos, ante la inoperancia de las autoridades del Sector Salud y la falta del vital gas, una noticia que fue bastante difundida en su momento. 

En «El final del viaje», la perspectiva es desde el punto de vista femenino. Ángela, la protagonista, es una enfermera del hospital de Iquitos, quien sopesa la muerte de su anciana madre en el tiempo de la pandemia. A modo de vaso comunicante, Álex, del relato anterior, aparece en este de manera circunstancial, como el muchacho que despierta la atracción de Ángela. Pero pensar en el amor es difícil, pues el ritmo de trabajo que impone la pandemia lo hace imposible. «Con la pandemia no había tiempo de pensar en el amor» (p. 117), dice Ángela. El uso del diario, como un recurso textual, hace que la protagonista pueda encontrar consuelo. Allí plasma sus impresiones y temores, allí se derrumba, algo que no puede permitirse durante el trabajo. Así, Mendieta emplea este recurso para contraponer los sentimientos del personaje. En este relato, la muerte no obstante el dolor que causa, sirve como un nuevo inicio para la relación deteriorada que Ángela tiene con su hermano. Finalmente, en «El heraldo», asistimos al drama existencial que vive Renato, un periodista y poeta encargado de escribir los obituarios del periódico local.


Chimba

«Chimba», dentro del género del relato de aprendizaje, nos ubica en el mundo del colegio y las tardes de aventuras en las calles de Iquitos y en el lago Moronacocha. El personaje pívot es el niño Rolando Jiménez, quien vive y nos muestra el universo de las palomilladas propias de la niñez con los compañeros de aula, los juegos y las peleas. Pero también Rolando descubrirá el sentimiento de la culpa, tras la muerte de uno de sus amigos. Será la cruz que cargue hasta que aparezca la oportunidad de expiar dicho sentimiento, justamente al chimbar el lago Moronacocha y salvar a otro amigo a punto de ahogarse. De esta manera, en este relato, vida y muerte se contraponen en el acto de cruzar a nado el lago y alcanzar la orilla opuesta. La chimba adquiere la connotación del desafío y deseo por la vida, por encima de la muerte, aunque no siempre se pueda ganar.

Melissa Mendieta logra con sus historias en Obituario reflexionar sobre la muerte con la particularidad, en paralelo, de mostrarnos una porción del imaginario de la selva amazónica. 


Christian Reynoso





Ficha técnica
Título: Obituario
Autora: Melissa Mendieta 
Género: cuento/crónica
ISBN: 978-612-4142-41-3
Sello/editorial: Tierra Nueva 
Ciudad y año de publicación: Iquitos, 2021
Tamaño: 12 x 17 cm
Peso: 200 g
Páginas: 152
Precio de venta: S/ 35
Reseña de contraportada: La muerte está más presente que nunca entre nosotros. En estos tiempos de pandemia en nuestra Amazonia y el mundo, los obituarios se multiplican en los periódicos y el fallecimiento de conocidos y personas cercanas ya no nos sorprende. El tránsito hacia el más allá trae consigo muchos sentimientos: la dificultad para irse, el dolor de la despedida, la tranquilidad de partir habiéndolo dado todo, la felicidad de haber luchado por lo que se quería, la confusión y el dolor por la muerte inesperada, la sensación de injusticia por la partida de buenas personas y la de justicia por la desaparición de personas malas; son hechos y sentimientos que nos cruzan, cuestionan nuestras creencias y desgarran o regocijan nuestros corazones. La muerte siempre estuvo cerca y hoy camina junto a nosotros. En Obituario se narran cuentos, crónicas, versos y notas periodísticas sobre sucesos ficticios y reales que conducen al lector y a la lectora a preguntarse si lo vivido por los personajes es casualidad, o más bien, la fatal consecuencia de sus actos.
Biografía: Melissa Mendieta (Iquitos, 1983) es maestra y escritora. Se formó en la docencia en la Universidad Nacional de la Amazonia Peruana en la especialidad de Lengua y Literatura, diplomándose en Educación Inclusiva en la Universidad Marcelino Chanpagnat. Ha ganado la etapa regional del concurso nacional para docentes Enseñando Contigo 2014 que organizó Osinergmin con el cuento «Prevenir para vivir feliz». Ha escrito las novelas juveniles ambientadas en Iquitos Raquel y Alexander (2014), El diario de Raquel (2015) y Cartas para Raquel (2018). Ha sido directora de la revista Mixturas: Cultura y Letras, y actriz y directora del grupo teatral del mismo nombre. Es docente de educación secundaria, con una vasta experiencia de enseñanza y aprendizaje con jóvenes en Iquitos y Lima. Ganó el concurso Maestro Que Deja Huella 2019, organizado por Interbank, representando a la región Loreto. Contribuye actualmente con la formación de jóvenes en el Colegio de Alto Rendimiento de Loreto.

Lugares de venta
Librerías: Lancom Bookstore (avenida Petit Thouars 5550, Miraflores), Casatomada Librería & Café (avenida Petit Thouars 3506, San Isidro), Placeres Compulsivos (jirón Mariscal José Antonio de Sucre 407, Barranco), El Virrey (calle Bolognesi 510, Miraflores), Busca Libre.

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sábado, 1 de julio de 2023

Platillo virulento


Lejanos parecían los cuentos de ciencia ficción sobre un virus que ponía en jaque a la humanidad. Extrañas se mostraban aquellas novelas y películas que mostraban distanciamiento entre personas y uso obligatorio de mascarillas. Exageradas se tornaban las distopías que planteaban encierros forzados, toques de queda, retenes militares, prohibición del libre tránsito, entierros sin familiares, y acumulación de cadáveres en almacenes, pues las morgues habían colapsado. A comienzos de 2020 nadie podía pensar que la mutación de un virus en la ciudad china de Wuhan se irradiaría pocos meses después en el resto del mundo para revivir, con creces, el horror que sufriera la humanidad con la gripe española a finales de la Primera Guerra Mundial. En efecto, la historia se repitió, pero con giros nefastos en la educación, la alimentación, el trabajo, el entretenimiento y demás actividades. La pandemia del covid-19 llegó para trastornar la existencia de cada ser humano.

A poco más de un año de que muchas naciones tomaran drásticas medidas para frenar al virus y aminorar las secuelas de la enfermedad en lo social, político y económico, apareció el libro Sancochado de pangolín de Luis Augusto Quimper, crónica escrita entre marzo y abril de 2020, en Bélgica, país en el que reside este escritor piurano desde hace varios años.


Tantas veces Luciano

Quienes seguimos la obra de Luis Augusto Quimper, notaremos que este nuevo título sigue el estilo desenfadado de su colección de cuentos Rutina (2010) y su novela Proyecto de Dios (2014), pero más en el estilo de fluida desenvoltura que registra en recientes cuentos publicados en «Días de prueba esperando a Paradise» y los cuentos ganadores y finalistas de la XXII Bienal de Cuento «Premio Copé 2022» (2023) y Cordón y rosa. Diez relatos sobre el pisco (2023), titulados, respectivamente, «El gran Gatsby en Piura» y «Fiestas Patrias en la embajada del Perú». 

No deja de ser curioso que tanto en estos dos relatos como en Sancochado de pangolín se cuente con protagonistas llamados Luciano, todos piuranos, con perfiles tan comunes entre sí que serían el mismo personaje circulando por sendas ficciones complementarias, y quizás el mismo que ronda las páginas de Proyecto de Dios.


Tecnología al servicio de la pasión

Sancochado de pangolín tiene buen ritmo y pulso. Suerte de bitácora de un navegante que surca las aguas de una aplicación de citas en tiempos de peste, para dejarse llevar por la marea de la pasión, con no poca pulsión. Así, Luciano tienta atento las oportunidades de un encuentro carnal que podría tener con sus coetáneas, pero él es un entrenado lector que sabe leer entre líneas. De modo que toda omisión y silencio, en las autodescripciones, son una elocuente declaración de intereses. Así va de Valeria a Geraldine, para hurgar en Laura, Larissa, Anne y Sophie, hasta llegar a Aurelie e Inge, que van de los treinta y muchos hasta los cuarenta y pocos, con claras posiciones, exigencias y anhelos, que denotan contradicciones y absurdos que truncan la mínima posibilidad de iniciar una relación sana (no tóxica, en términos literales y figurados), empujando a todas y a él hacia la trinchera de la soledad.

Pero estos acercamientos que no llevan a nada, salvo al distanciamiento y al desencadenamiento de frases irónicas, argumentos sarcásticos y posiciones socarronas, que subrayan el carácter iconoclasta y despechado del narrador-personaje, quien lleva poco tiempo como sujeto divorciado, son en esencia sanos para los tiempos de un asesino invisible que puede atacar, aprovechando un beso repentino e incontrolable o una respiración agitada a poca distancia.


Una historia de límites

Luis Augusto Quimper indaga narrativamente en los límites que se imponen en una sociedad civilizada y libre, con ciudadanos acostumbrados a hacer prevalecer sus derechos, a circular como les plazca, y sin dar cuenta a nadie sobre esto o aquello. En tal sentido, Sancochado de pangolín es un libro poco ideológico y muy político —como ocurre en otras historias de este autor—, pero en este caso con una marca que combina indignación, intransigencia e intolerancia ante las nuevas reglas, que es una buena manera de enmascarar el miedo y los puntos ciegos.

Por otra parte, las comparaciones resultan inevitables entre Bélgica y Perú. En el país europeo, la civilización se altera, sin perder su norte, pero late la inquietud ante lo que podría significar exactamente la nueva normalidad. En el país americano, se redunda en el caos y la incertidumbre se exacerba, como constata en narrador-personaje al chatear con parientes y amigos. 

Resulta interesante cómo Luis Augusto Quimper registra en su crónica un cúmulo de detalles que fotografían los meses más duros de la peste y dan viva luz de un periodo que se evoca como una pesadilla que se va desdibujando por el paso del tiempo. Entre las incursiones de Luciano por Tinder y sus enganches con Netflix, hace todo lo posible por trasgredir las normas para ver a su amante —una francesita con un hijo difícil de engatusar—; planea la compra del PS5 con lo que ahorra por no consumir en restaurantes, cines y librerías; esquiva misas y bendiciones por Youtube; evita multas fingiendo salir para hacer deporte; agradece al teletrabajo por no ver a su jefa «piernas de pollo» en minifalda; y trata que su paladar sufra lo menos posible ante su inutilidad para preparar platillos decentes —una incompetencia que ni siquiera el famoso Qué cocinaré hoy de Nicolini logra revertir—. Entre estas circunstancias que va aceptando en una monótona cotidianeidad con poco estoicismo o mucho cinismo, debe lidiar con el particular escenario que surge entre él y su exesposa, la recuperación emocional de sus hijos, y mantener calmada o a raya a su familia piurana. 

Sin duda, entre los vaivenes de un mundo amenazado por un virus, resulta descollante la vergüenza que generó entre los paisanos del protagonista la calificación que recibiera Piura por parte del presidente de entonces: «La ciudad más irresponsable del Perú» (pág. 14). Cabe recordar que un indignado Martín Vizcarra (aunque ahora nos suene a absoluto desparpajo dada sus «cualidades» reptilianas) calificó de irresponsables a los piuranos que se amontonaron para adquirir cerveza. «Las noticias nos llegan rápido por las redes sociales. Todos hemos sido testigos de que se forman filas para compras esenciales y el cobro de bonos. Sin embargo, ayer vimos que se formó una larga fila por cerveza», refirió el mandatario peruano, como anotara Perú21 el 26 de abril de 2020.


Con escarnio y sin misericordia 

Luis Augusto Quimper, con ácido humor y lúcida elocuencia, nos brinda una narración galopante que mueve a la reflexión y al ejercicio de la memoria, pero también a la risa y la sonrisa. En realidad, nadie se salva de la mordacidad y malevolencia de Luciano, ni él se libra de su mirada crítica y escrutadora ante el espejo del artefacto literario que lo contiene. Se desnuda sin vergüenza hasta lo más íntimo, presume de su egoísmo e inmadurez, exhibe sus entrañas, las extiende, y se toma el pelo con escarnio y sin misericordia. De esta manera manifiesta su peruanidad europeizada, y no le interesa ocultar su inconformidad por costumbres que no consigue entender ni aceptar de un país que lo acoge y lo rechaza, que lo emplaza, lo exalta y lo lleva a delirar. 

¿Quién gana después de todo en un mundo en el que ya no es posible planificar ni prever un siguiente paso? Eso quizá lo sepamos en una próxima ficción de Luis Augusto Quimper, con Luciano de protagonista, sin duda alguna. 


José Donayre Hoefken





Ficha técnica
Título: Sancochado de pangolín
Autor: Luis Augusto Quimper 
Género: crónica
ISBN: 978-612-48475-5-4
Sello/editorial: Cortarrama 
Ciudad y año de publicación: Piura, 2021
Tamaño: 14.5 x 20.5 cm
Peso: 60 g
Páginas: 32
Precio de venta: S/ 10
Reseña de contraportada: Confinado en solitario en sus ochenta y cinco metros cuadrados, Luciano —piurano en Bélgica— teletrabaja en pijamas y sin afeitarse. Piensa en tirar el televisor por la ventana para no escuchar nunca más la palabra covid. En su tiempo libre, que es mucho, revisa perfiles en Tinder, habla con el cactus que compró en Ikea, toma cerveza mirando por la ventana, se pregunta si la ansiada nueva normalidad será mejor que la vieja, la del ruido y la furia. Pedalea 12 kilómetros para ver a sus hijos. Se las juega para visitar a su francesita. Intenta, infructuosamente, cocinar. Mejor no pensar, pensar es vivir inquieto, se dice, pero se angustia ante la incertidumbre, las informaciones contradictorias, los cientos de WhatsApp que infectan su teléfono.
Biografía: Luis Augusto Quimper (Piura, 1967) es licenciado en Administración de Empresas por la Universidad de Piura y magíster en Finanzas por la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica). Trabaja en una empresa de servicios financiero en Bruselas. Ha seguido talleres de escritura creativa dictados por Alonso Cueto e Iván Thays en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado el libro de cuentos Rutina (2010) y la novela Proyecto de Dios (2014). Asimismo, ha participado en los libros colectivos «Días de prueba esperando a Paradise» y los cuentos ganadores y finalistas de la XXII Bienal de Cuento «Premio Copé 2022» (2023) y Cordón y rosa. Diez relatos sobre el pisco (2023).

Lugar de venta

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miércoles, 21 de junio de 2023

Abrazo crispado y hermoso

 

La tradición poética peruana ha mostrado como una de sus líneas hegemónicas la asimilación creativa y legítima de poéticas diversas, provenientes mayormente del mundo occidental. En raras ocasiones, esta norma ha sido superada por el aliento y el eco de la cultura andina y de su lenguaje crucial, el quechua. La explicación del bilingüismo, o de la simple exposición a diversas experiencias culturales que se mezclan o fusionan con el poderoso simbolismo del quechua, no es suficiente. Es necesario pensar en la aspiración a construir una universalidad a partir de la enunciación de un mundo en el que la magia, el mito, la canción y la danza todavía perviven.

Estas ideas vienen a colación después de leer Urankancha (2022), un muy interesante poemario de Santos Morales Aroní (1990), quien ya había ofrecido dos libros: los poemas de Flor de lluvia (2015) y los relatos contenidos en Bajo la lluvia (2019). Urankancha es un lugar de claras reminiscencias míticas. Allí la historia familiar y la memoria se funden con el entorno natural, el transcurrir de los ríos, la caída del granizo, la saliva procreadora, pero también tienen un lugar en distintas prácticas culturales y artísticas, representadas en el acto de bailar o en la pulsación lírica y sentida de un arpa. 

El libro se divide en cinco partes claramente delimitadas: «Aylluy» (Mi familia), «Llaqtay» (Mi país), «Killinchu» (Cernícalo), Granizadas y «Wayrapa Sisan» (La brisa del viento). En «Aylluy» se inscribe la historia de la familia, la ascendencia y la progenie se funden en el mito y eso ocurre desde el texto breve que el sirve de pórtico: «A una espina anclada en la lengua, le han brotado relámpagos. Los estambres y pistilos engendraron a Nazario Pérez y Josefa Ccarwas, y estos a su vez a Virginia Pérez, cuyo corazón le tendió el alba a Santos Morales» (p. 11). En el primer poema, titulado «Tunankancha», se lee: «El abuelo ha cosechado las mejores piedras hechas con la saliva del sol y ha musitado: wasiyta ruwasaq» (p. 13), frase que en quechua significa: «construiré mi casa». 

Esta integración no tiene un carácter forzoso, por el contrario, muestra la riqueza simbólica y cultural que posee un yo bilingüe, que transparenta esa condición en su escritura. De ahí que no sorprenda encontrar versos como «Veo a mi padre ligero como chubasco, gatear y zambullirse en el pecho de la abuela buscando la vía láctea» (p. 13) o «Madre, mírame. Soy tu saliva suavizando el bolo alimenticio, tu grito de dolor más amoroso. Madre, no dejes de mirarme con tus dos granizos, con tus dos puquiales diáfanos» (p. 14).

En la segunda parte del libro, «Llaqtay», clara alusión a Ayacucho, tierra del origen, se interna en la exploración de un discurso que tiene en su centro a la experiencia social e histórica de la comunidad. En el primer poema de esta sección se respira ya el ánimo comunitario: «Vengan, vamos a la orilla del río Pampas, cojámonos de las manos, hagamos la ronda, bailemos pirwalla pirwa, cantemos waynos al ritmo del murmullo de nuestras venas, dejemos a los dedos de Diómedes, Máximo, Vladimir, Teódolo, encender el trino del arpa ¡oh! Pequeños dioses, hijos de las Musas y Wiraccocha» (p. 31). La invocación a la celebración, rica en matices rituales, en lenguaje que une tradiciones. En esa misma sección está el poema «Urankancha», que da título al libro y que tiene como tema el relato de la etnia puka, conquistada por los chankas primero y después por el inca Pachacutec. El poeta recrea aquí varios pasajes de la historia primigenia de esta comunidad: «Las primeras mujeres se alimentaban del lácteo de las estrellas. Podaron el relámpago y lo plantaron, regaban con leche de sus senos, hasta que brotaron hojas, le crecieron ramas y echaron flores y frutos. He ahí el germen de la agricultura» (p. 32). En el poema «Arapa», en cambio, brilla la melancolía por la infancia: «Este llanto entre mi sangre y mi voz. / Este llanto a cántaros/ Atiza mi infancia. // Fueron regazos de chubascos vespertinos. // Vuelvo granizo como cernícalo boreal. / Busco ternura en tus guijarros esparcidos en la orilla» (p. 39).

La sección «Killinchu» continúa el viaje hecho de reminiscencia. Destaca aquí un poema dedicado a un músico, el arpista Diómedes Linares, un texto lleno de imágenes muy sugerentes y delicadas: «Es un jilguero cantando en el follaje de las venas, en los peciolos del miocardio. Su arpa no es de madera, es de pedacitos de corazón, parchadas con salivas de la luna nutricia. Sus cuerdas de cabuyas y relámpagos encienden arpegios; fogata devoradora del silencio» (p. 57). En esta sección, como en otras partes del libro, la personificación es una figura importante, lo mismo que el epíteto, que afianza y enfatiza la expresión de la subjetividad del yo poético.

En «Granizadas», se establece una trayectoria que inicia en el acto de procrear y culmina con la devastadora decepción de la experiencia migrante. El primer poema, «Niño agrario», relata la fecundación y el nacimiento: «Desde mi saliva un niño germina. Se va trotando hacia la pradera de la reminiscencia. Explora anémonas en orillas de bostezos. Se cuelga relámpagos de talismán en el cuello» (p. 65). La sección se cierra con el poema «Abril 2020», tiempo que alude a la peste que sometió al país. El poema constituye una clara requisitoria al engaño capitalino y a la dura vivencia de la migración interna: «Atizaron la esperanza en las grandes urbes y bajaron como ayapanas por entre las grietas del silencio. Dejaron las anchas caderas de nuestras cordilleras». La amargura y el desengaño quedan marcados en fuego al final del poema: «Por eso ahora estamos aquí, con la renta ahorcándonos, atados de lengua y corazón» (p. 70).

Finalmente, la quinta y última parte, «Wayrapa Sisan», es una muestra de textos brevísimos, que no solo no renuncian a seguir representando un universo mágico, sino además ostentan un carácter que navega entre el epigrama y el aforismo, en un claro alarde de habilidad sintética. El poema «Ch», por ejemplo, nos dice: «Tu vientre río engendra peces mamíferos» (p. 74), mientras en «N» leemos: «El agua ladra entre los murmullos de los perros» (p. 81).

El poeta Morales Aroní logra un conjunto equilibrado, en el que destaca el manejo del poema en prosa, especie discursiva que representa uno de los rasgos de la modernidad poética, que el poeta practica con eficiencia. Lo mismo cabe decir del poema breve que habita en las páginas de Urankancha. Mención aparte para la ambición del mundo representado en este libro: un abrazo sutil entre Occidente y el Ande, un abrazo crispado, tenso, pero igualmente hermoso. 


Alonso Rabí do Carmo





Ficha técnica
Título: Urankancha
Autor: Santos Morales Aroní 
Género: poesía
ISBN: 978-612-4111-48-8
Sello/editorial: Ícata-Cascahuesos 
Ciudad y año de publicación: Arequipa, 2022
Tamaño: 13.5 x 21 cm
Peso: 140 g
Páginas: 96
Precio de venta: S/ 29
Reseña de contraportada: Urankancha no es un pueblo, sino más bien una estancia del Sol donde —a pesar de la lluvia, sus relámpagos, nubes y piedras—, los ríos esparcen su semen y preñan la vida en la geografía del alma de Santos. Este libro es un grito que primero va hacia adentro, un canto que truena melancolía, ataviado de espinas en el corazón de un nieto, hijo, padre, abuelo que irremediablemente sangra y se desgrana en el campo, entre las flores que acaban de nacer para ver ese acto agónico de amor —tal como se descubre en «Pichqa»— «El amor le brotó en la piel como musgo cristalino». Así, Morales Aroní, con sus versos nos toca el más hermoso huayno, el que se oye cuando cae la lluvia sobre las calaminas de nuestros Andes y como el mejor arpista nos endulza a su madre y a las mujeres que lo celebran desde pequeño. En «B: rumi riman», él, busca consuelo «¡No llores!/Ven a calmar tu llanto/Mi wawa». El poeta decanta sus palabras mirando al cielo, como lo hacían nuestros ancestros, los que nos enseñaron a ser hombres siendo buenos hijos de la Pachamama. Las truchas saltan en cada orilla de este libro-río, fértil y caudaloso con una voz única, originaria, constante, y maestra en su prosa; ofrece una exaltación a su tierra-madre la que lo amamantó recién nacido, un sabio homenaje a su árbol genealógico y para nosotros, los lectores, un exquisito alimento prístino, lleno de pulpas de estrellas. (Navale Quiroz Cano)
Biografía: Santos Morales Aroní (Ayacucho, 1990) es abogado por la Universidad Nacional San Luis Gonzaga de Ica, con maestría en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado el poemario Flor de lluvia (2015) y el libro de cuentos Bajo la lluvia (2019). En 2013 ganó el concurso en la categoría poesía organizado por el CONALL. Es miembro del Círculo de Poesía Arawiy.

Lugares de venta
Librerías: Libros Peruanos, La Rebelde (jirón Batalla de Junín 260, Barranco), Communitas (avenida 2 de Mayo 1690, San Isidro), Sur (avenida Pardo y Aliaga 683, San Isidro).

Información de interés



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domingo, 11 de junio de 2023

Muerte y creación


La palabra «artilugio» se emplea para señalar los mecanismos, máquinas o aparatos que tienen un manejo complicado o para aquellos que presentan una función que no se percibe fácilmente o que se desconoce, según indica el diccionario. Es también sinónimo de artimaña, engaño, ardid o maña, para poder conseguir algo o alcanzar un fin, de forma furtiva. Una tercera acepción nos remite a herramienta de un oficio. En ese sentido, si lo primero nos acerca a una idea de lo extraño, lo desconocido y, por tanto, lo que puede despertar curiosidad; lo segundo nos sugiere cierto hechizo velado como una forma de encantamiento para la obtención de un deseo.

Son bajo estas coordenadas que se circunscriben los cuentos que Mariangela Ugarelli (Lima, 1993) reúne en el libro que, justamente, ha titulado Artilugios (Hipatia Ediciones, 2022). Un conjunto de nueve cuentos a los que podemos considerar pequeños artefactos-artilugios literarios en los que la autora juega con mecanismos, máquinas, inventos y guiños a lo insólito, lo misterioso, lo fantástico y lo mítico. De esta manera, diseña un corpus en el que sus personajes —y los lectores junto con ellos— se desenvuelven para enfrentar lo desconocido e imposible. Como si la autora intentara «entre relojes y autos, en medio del asfalto de la ciudad (...) hacer crecer una flor» (p. 72), como afirma Ángela Barilla, protagonista del cuento «El arlequín».

Pero, además, este corpus narrativo está determinado por dos grandes temas que recorren el volumen: la muerte y la creación, artística y científica, como una manera de hilvanar las historias y proponer contrapesos, también como una manera de confrontar al lector.


La muerte

Tema por excelencia en el género fantástico y de terror, la muerte recorre como un cuchillo de corte fino los cuentos de Artilugios. Entre estas historias tenemos la de «El corral», en la que don Teófilo, un hombre que se nos sugiere como un gallinazo defiende su casa o su territorio y pone fin de una manera radical a las intenciones de los funcionarios gubernamentales que pretenden arrebatarle su propiedad. La venganza y cierto deseo de alcanzar justicia son determinantes en el relato. Más bien, la pobreza, la necesidad de alimentarse y el sacrificio conducen a una situación de tinte caníbal en una historia entre dos hermanos, en «Bello durmiente». Mientras que la selva amazónica sirve de escenario para «El Chullachaqui», cuento en el que tres amigas —Paula, Sasha y Lina—, junto con Pablo, realizan una excursión por la selva en busca de una laguna donde depositar las cenizas de Laura, otra amiga del grupo que ha muerto de un paro cardiaco. Pero la excursión pronto se torna caótica bajo la posible amenaza del Chullachaqui, el hombrecillo-diosecillo de la selva, capaz de transformarse y confundir a sus víctimas, aquellas que, según narra la leyenda, no tienen alma y por ello son susceptibles de su encantamiento. La angustia, la noche, la espesura de la selva devienen en elementos útiles que la autora aprovecha para suscitar un clima de tensión y misterio. Hacia el final, la muerte de Pablo deja una interrogante abierta: ¿quién o quiénes lo mataron? De esta manera, el cuento sirve para interpelar los límites del comportamiento humano en un contexto de miedo a lo desconocido. Uno no sabe hasta dónde puede llegar.

Así, en estos cuentos, la autora juega con elementos de la realidad, la ficción y lo fantástico, pero sin poder escapar de aquello que tal vez es lo único real e incuestionable más allá de cualquier artilugio: la muerte física, sin resolución, sin remedio, que irremediablemente llega como una sombra en cualquier momento. Pues, «cuando te toca, te toca» (p. 27), dice Pablo.


La creación

La creación artística como búsqueda de la belleza o la creación científica mediante el invento como indagación del equilibrio de la existencia humana están presentes como denominador común en otros cuentos de Artilugios. Una creación u otra que la autora condensa en dos sentidos: la vida y la muerte, y que nos recuerda que la imaginación, el conocimiento y el poder pueden servir tanto para dimensionar y entender el bien como el mal. La felicidad, la luz, el éxito, la salvación, o aquello que tal vez es lo mismo: lo oscuro, el fracaso, la utopía, la muerte.

Esto lo podemos ver, por un lado, en los cuentos «La cola de la salamandra» y «Solarum». En el primero estamos ante el robo de una fórmula científica en fase experimental que permite la creación de un bálsamo para regenerar el cuerpo y otorgar belleza, haciendo uso de la cola de aquel anfibio de manchas amarillas, la salamandra. Un descubrimiento que pronto se convierte en una empresa de utilidades cuantiosas. Sin embargo, tras de sí, asistimos a un conflicto familiar entre dos hermanas, la empresaria y la científica, y la madre de ambas quien asume el papel de conejillo de Indias. De cualquier forma, el bálsamo es la creación humana que permite reafirmar y conservar la plenitud, aunque con consecuencias funestas en el largo plazo. 

En «Solarum», se narra el invento de un dispositivo bautizado con el nombre de Revivificador en manos de la doctora e inventora peruana Celia D. en el desierto de Mórrope, quien es abordada por Ariana y Elena, periodista y fotógrafa, respectivamente, llevadas por la curiosidad y el deseo de escribir un reportaje que cambie sus vidas. El Revivificador, dador de vida, tiene el poder de acelerar el proceso de germinación de plantas y árboles en una fracción pequeña de tiempo, con lo que se podría salvar a la Tierra del calentamiento global y la deforestación. ¿Es esto posible? El cuento deviene así en un conflicto entre los logros de la ciencia y la apatía de la humanidad por querer un mundo mejor, lo que también se refleja, en perspectiva, en Ariana y Elena, luego de la muerte de Celia.

Si estos dos cuentos hablan de la creación como oportunidad de vida, en oposición, en «El arlequín» y en «El granado» estamos ante la creación como preámbulo de la muerte. En el primero, la escritora Ángela Barilla decide renunciar a la escritura de su novela rosa El arlequín, publicada por entregas en una revista, pues ha decidido dar el salto a una literatura «de verdad» (p. 66) y escribir una novela histórica sobre María Magdalena, que requiere de todo su tiempo. Es Carmín, una profesora universitaria, quien reemplaza a Barilla, en tanto que El arlequín debe continuar para no defraudar a sus lectores. Enseguida viene el desencanto de Ángela ante la nueva mirada que su novela adquiere en la autoría de Carmín. Así, arrepentimiento, insatisfacción y culpa, en el deseo de salvaguardar su obra y el destino de sus personajes conducen a un final inesperado, en el que la literatura implica muerte. 

En «El granado», la creación pictórica y los recuerdos de la infancia en el que un árbol de granado está presente, por alguna razón despiertan una serie de instintos en Nazario, un funcionario de banco con vocación de pintor. Cada día, el hombre, al volver del trabajo, se sumerge en el intento de pintar un cuadro en el que sus deseos, obsesiones y fantasías van apareciendo sin control. Por ello que, de pronto, la pintura adquiere vida y movimiento, pues Nazario «nunca había imaginado la inversión» de su «propia magia» (p. 63). Tal vez esto ocurre como un espejo que refleja la incomprensión de la realidad y que tiene como único canal el arte, pero uno no necesariamente expiatorio, sino uno que transmite pulsiones que llevan a la locura y a la muerte, a la vez que despierta deseos macabros. La «marca de Caín» (p. 60), como dice Nazario. Un sino que todos los seres humanos llevamos dentro, aunque optemos por echar tierra sobre ello.


Artilugios para confrontar

Artilugios confronta al lector, pues las situaciones límite que describen los cuentos dentro del mundo ficcional que propone Mariangela Ugarelli, empujan a una mirada interior en correlación con los personajes. Estos son también en su mayoría femeninos, lo que permite una sensibilidad distinta ante la manera cómo se enfrentan al mundo y al lector. A ello hay que añadir el lenguaje elegante y por momentos poético empleado por la autora en estas historias que pueden caer como el peso de una realidad de plomo (dixit Barilla). 


Christian Reynoso




Ficha técnica
Título: Artilugios
Autora: Mariangela Ugarelli 
Género: cuento
ISBN: 978-612-48663-3-3
Sello/editorial: Hipatia Ediciones 
Ciudad y año de publicación: Lima, 2022
Tamaño: 15 x 21 cm
Peso: 190 g
Páginas: 112
Precio de venta: S/ 45
Reseña de contraportada: En clave de literatura fantástica, los nueve cuentos de este libro escarban en la condición humana hasta revelar la monstruosidad e incomprensión que se encierra en ella. Tres objetos muestran una verdad oculta a los ojos del hombre, dos hermanos se enfrentan a la muerte mientras se va descubriendo su verdadera naturaleza, un grupo de jóvenes se interna en la selva amazónica sin saber el peligro que los aguarda, un gamonal plumífero se niega a entregar su último bastión de poder, un pez globo construye una arquitectura circular contra el tiempo, un pintor lucha por acallar sus más perversos deseos, una escritora de novela rosa intenta abandonar al personaje que le diera fama, una mujer le roba un avance científico a su hermana para lucrar con el estigma de la belleza, una periodista y su fotógrafa van al acecho de una científica exiliada en un paraíso de vidrio. En los cuentos de Ugarelli, la ironía, el humor negro, la alegoría, lo macabro y lo onírico son artilugios que tejen con hilos invisibles la red en que quedarán atrapados sus personajes. Inscritos en la literatura de terror, los relatos que componen Artilugios revisan los tópicos de la inmortalidad, del vampiro o de seres de nuestro panteón mítico, pero sin caer nunca en lugares comunes, y más bien revitalizan el género con nuevos giros y perspectivas. Ugarelli Risi se mueve a gusto en las tinieblas y nos regala una bocanada de aire gélido y estremecedor. (Yeniva Fernández)
Biografía: Mariangela Ugarelli (Lima, 1993) es investigadora y escritora. Estudió Literatura Hispánica en la Pontificia Universidad Católica del Perú y candidata a PhD por la Johns Hopkins University. Su campo de estudio abarca el gótico y la literatura fantástica, tema de su tesis de licenciatura sobre el escritor argentino Leopoldo Lugones. Se ha presentado en diversos coloquios analizando textos de variada índole desde Lautréamont hasta Ricardo Palma. Como escritora ha publicado en 13 cuentos de objetos malditos peruanos (El Gato Descalzo), Héroes y santos (Aeternum), Esta realidad no existe (Estruendomudo) y Visiones del Bicentenario (Maquinaciones), entre otras colecciones colectivas temáticas. 

Lugares de venta
El Virrey (calle Bolognesi 510, Miraflores), Sur (avenida Pardo y Aliaga 683, San Isidro), Estruendomudo (avenida José Larco 508), Placeres Compulsivos (jirón Mariscal José Antonio de Sucre 407, Barranco), Communitas (avenida 2 de Mayo 1690, San Isidro)

Información de interés



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Ricardo Palma, escritor gótico

1 Hoy presentamos un exquisito libro: Tradiciones de terror de Ricardo Palma (Lima, 1833-1919), una acertada selección de tradiciones sobre...