miércoles, 31 de mayo de 2023

Desolación y desencanto


Muchas interrogantes se han formulado en torno al amor en el transcurso de los tiempos. Tal vez muchas de ellas nos visitaron en plena pubertad o adolescencia, y podemos haber intentado responderlas en cierta medida, con simples suposiciones, de cara a la experiencia, o quizá buscando fuentes diversas como la literatura, el arte plástico, la música, el cine, la filosofía, las ciencias sociales. En tiempos recientes, la psicología y la neurociencia también podrían dar sus propias aproximaciones. ¿Qué es el amor? ¿De dónde viene? ¿Se puede vivir sin amor? ¿Qué sería «vivir sin amor»? ¿Cómo sabemos que amamos a alguien? ¿Hay distintos tipos y dimensiones del amor? ¿Cómo nace el amor? ¿De dónde surge este sentimiento intenso? ¿Se elige a quién se ama? ¿El amor puede hacer daño? ¿El amor puede morir? ¿El amor es una sensación cambiante? ¿Adónde se va cuando se acaba? 

Este texto no se abocará a ofrecer respuestas tentativas a dichas preguntas. Sería como poner en aprietos a poetas al instarnos a definir qué es la poesía. Existen múltiples acercamientos, sin embargo, en torno al amor y estas cuestiones, y valdría la pena recuperar algunas nociones que entrarán en diálogo con las visiones del amor o, más aun, de su ausencia en el libro Dónde está el amor de Rossy Majino. 

Desde muy temprano, la sociedad nos ofrece una idea del amor que no es real, uno romántico e idealizado que se debe luchar por conservar, aun justificando o tolerando comportamientos violentos y ofensivos. Un amor que viene a completarnos y asegurar nuestra felicidad. Un amor basado en la posesión del otro. Un amor que todo lo puede, todo lo soporta y merece todo sacrificio. Este conjunto de creencias distorsiona la percepción de la realidad de quien cree amar y dificulta la construcción de relaciones saludables. Cabe preguntarse, entonces, Dónde está el amor. Claramente, no se halla en las relaciones destructivas que nos llevan a desechar la que debería ser la forma más básica e imprescindible de este sentimiento: el amor propio. 

Así, el inhallable amor al que se alude en este libro no se refiere solo al amor de pareja, sino también al filial, al que se experimenta por uno mismo, e incluso al que se tiene por la vida, es decir, las ganas de vivir. Los cinco cuentos del conjunto nos introducen en historias cargadas de desolación y desencanto. Mediante ellas, se nos revelarán las tragedias íntimas de cada personaje, narradas desde diversas voces y perspectivas.

En «Nunca seré como ella», cuento que abre la selección, la voz narrativa, a manera de monólogo dirigido aparentemente a una supervisora escolar, proviene de una adolescente que atraviesa la revelación de un secreto familiar que desbarata su identidad. En su relato, conocemos de manera cruda y dura su relación casi inexistente con su madre, que llega a un punto más álgido aun cuando esta le revela que su padre biológico no era el que ella consideró como tal durante toda su vida y que el real agoniza en Lima. Entrelaza este relato de fondo con la narración de duros episodios de su infancia y la de sus hermanos, así como desgarradores casos de sus demás compañeros y compañeras del colegio. En este primer cuento, el amor ausente para la protagonista es principalmente el de su madre, quien además de ocultarle su origen por tantos años, la entregó a su tía de pequeña y no se hizo cargo de su crianza, ni de la de sus hermanos menores, que tienen que trabajar vendiendo caramelos para sobrevivir. En su relato, podemos sentir el desamparo y decepción ante su madre. Ve en ella, en lugar de una figura materna, un referente de la mujer que no quiere llegar a ser.

«La última pista» nos hace espectadores de la decadencia de un hombre sumido en el alcohol, luego de ser abandonado por su esposa, junto a su hijo de meses de nacido. Sabemos que se había casado solo un año atrás y que la partida de su esposa se dio de manera inesperada. Entre sus recuerdos y divagaciones, llega la imagen de su hijo, abandonado doblemente, ya que, tras la ausencia de la madre, él no es capaz de asumir el rol paterno, suplir sus cuidados y librarlo del desamparo. El clima predominante en este cuento es de desconcierto y consternación ante la pérdida inexplicable del supuesto amor. Tras días sin comer, excesos y dolencias físicas, esta turbación por la falta de respuestas parece ser la mayor fuente de su desesperación.

Otro cuento en el cual la memoria juega un papel importante es «Recordando el olvido». Sin embargo, mientras que, en el cuento anterior, el protagonista pasaba por un recuento constante de recuerdos intentando hallar alguna pista para explicar su situación, en este caso nos encontramos con una protagonista que construye voluntariamente sus memorias, como si se tratara de ficciones. Para ello, intenta omitir todo vestigio de recuerdos dolorosos, hilando sus evocaciones con imágenes y detalles de los libros en que se refugiaba. Esta práctica empieza como un afán de cerrar los ojos ante la realidad, intentando disfrazarla con suposiciones y justificaciones, ante los evidentes engaños de su esposo. Solo cuando el golpe de la realidad es tan fuerte que se hace imposible evadirlo, termina con esta relación e intenta desterrarla también de sus recuerdos. Si bien en este cuento el desencanto se origina en la falsedad de un amor en el que supuestamente todo era felicidad, este afán por construir una realidad alterna maquillando sus imperfecciones proviene de más atrás: «en un mundo idealizado que su madre alentaba con la actitud sumisa de toda esposa de una pequeña ciudad donde las miradas escrutadoras, prejuiciosas y conservadoras la arrinconaban a encerrarse en su vida perfecta que, felizmente para ella, sí era perfecta; por lo menos eso es lo que pensaba de sus padres. Pues su madre nunca se quejó de algún mal trato por parte de su esposo y tampoco levantó la voz para exigir una explicación, un derecho o para pedir libertad; no, ella jamás había discutido siquiera con él, porque eso no se lo habría permitido». Así, la tradición de sumisión y la entrega a una vida irreal se ve transmitida por la vía familiar, dejándola sin armas ante una relación a todas luces negativa, en la que definitivamente no estaba el amor. 

«Obsesión» comparte la línea de la invención y alteración de recuerdos. En este cuento, narrado en segunda persona, el protagonista es un hombre agobiado por su mente, al no poder dejar de pensar en una mujer que no comparte su visión del amor como necesidad de posesión del otro. Su obsesión por ella se manifiesta con pensamientos intrusivos que no le permiten desarrollar su vida de manera normal, y lo apartan del mundo, de sus seres queridos y de sus sueños. Su afán por olvidarla con otros amores es inútil y, en esos supuestos nuevos amores, repite el patrón de querer limitar su libertad. En este cuento, el desamor proviene del mismo protagonista y de su incapacidad para construir relaciones sanas.

Cierra el conjunto de cuentos «El último adiós», narrado desde la mirada de la mejor amiga de la protagonista, quien entabla una relación a distancia que se nos da a conocer por medio de los chats que intercambian durante seis meses. Estos mensajes se van haciendo más intensos, incluyendo versos de sus autores favoritos, apelativos cariñosos y familiaridad, dando cuenta de la conexión que van construyendo entre ambos y de su deseo creciente por poder estar cerca. Sin embargo, cuando él decide viajar para conocerla, ella se muestra dudosa y siente miedo de perder lo que tienen. Al llegar, su encuentro se verá frustrado por algo que ella no le había contado y que la lleva a decidir no acercarse a él. En este cuento sí encontramos la ilusión que genera el enamoramiento, los primeros signos de un amor que empieza a construirse. Sin embargo, el desencanto radica en la imposibilidad de concretarlo y en la inevitable despedida. 

Dónde está el amor, en suma, nos ofrece cinco visiones de la ausencia del amor, ya sea porque se niega, porque se abandona, porque se confunde, porque se hace pasar como tal sin serlo o porque se teme salir lastimado. Cinco cuentos que interpelarán nuestra propia concepción del amor y tal vez invoquen nuestros propios recuerdos de amores, desamores y otros desencantos.


Becky Urbina





Ficha técnica
Título: Dónde está el amor
Autora: Rossy Majino 
Género: cuento
ISBN: 978-612-4455-20-9
Sello/editorial: Ediciones Rocinante 
Ciudad y año de publicación: segunda edición, Huánuco, 2022
Tamaño: 13 x 20.7 cm
Peso: 100 g
Páginas: 68
Precio de venta: S/ 15
Reseña de contraportada: Dónde está el amor ofrece una delicada pero desgarradora exploración del mundo de la mujer, particularmente de aquella que ha sufrido el acoso de su propio entorno. Así, temas como el deterioro moral, la orfandad, la sumisión, la violencia soterrada, la frustración, el desencanto y el fracaso, envuelven estos cuentos. Sin embargo, en cada historia subyace la visión de una autora que no claudica y contrapone, a las circunstancias vividas por sus criaturas, una indeclinable reafirmación del deseo de vivir. De esta manera rompe el esquema tradicional del personaje irremediablemente vencido, como único desenlace. Desde esta perspectiva, la utilización del monólogo, como también el juego de la primera con la segunda personas gramaticales, recursos técnicos que utiliza, se convierten en un clamoroso llamado para que se escuche la voz (o la denuncia) de sus protagonistas, la mayoría mujeres. Apela o recrimina, pues, a ese otro ser, indiferente o ajeno al drama cotidiano, que suele contemplar, juzgar y condenar desde lejos. En suma, los cinco cuentos aquí reunidos, nos remiten a sensaciones diversas, pero predominan aquellas que nos soliviantan frente a crudas realidades, en las que se agitan odios, rencores, resentimientos, desencantos, pero también amores, desamores, encuentros y adioses inevitables. (Mario Malpartida)
Biografía: Rossy Majino (Huánuco, s/f) es, además de escritora, licenciada en Ciencias de la Educación y Humanidades, Lengua y Literatura por la Universidad Nacional Hermilio Valdizán (UNHEVAL), así como docente en la especialidad de Lengua y Literatura de su alma mater. Dirige actualmente Ediciones Rocinante.

Lugares de venta

Información de interés
Enlaces sobre este libro: entrevista a la autora, nota de Ahora



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domingo, 21 de mayo de 2023

Vigencia del ejercicio poético


Los talleres literarios suelen ser una especie de conciliábulos secretos, en el sentido de que no es frecuente conocer más allá de las fronteras físicas de esas sesiones lo que allí se trabaja, se lee o se discute. Sus miembros son pocos, casi una sociedad secreta de creadores que se reúnen en torno a la pasión por el lenguaje, la escritura, la imaginación y la palabra, en este caso, poética.

El poeta piurano, radicado en Trujillo, Luis Eduardo García, dirigió en dicha ciudad un taller de poesía y una selección de poemas de los asistentes forma la antología Nueve goces apátridas. El título puede llamar a intriga, pero el poeta aclara su sentido en el prólogo: la patria de estos poemas es de manera fundamental su lenguaje. La excepción a este espíritu sería el último poema que comento en esta nota, de arraigo netamente peruano.

La idea de gozo añade la dimensión del placer, de esa alegría íntima (intuyo escasa) que puede proporcionar la creación: «Se entiende que los nueve goces son el resultado del placer o la posesión (efímera) del absoluto poético que buscamos atrapar infructuosamente cada vez que escribimos» (p. 9), dice García. Y no le falta razón.

El taller ha abierto sus puertas y revelado sus secretos. Una buena manera de saber qué se hace en ciudades fuera de Lima y cómo desde ellas se practica, se ejerce la literatura, el oficio creador. Se sabe que mucha de esta producción no llega a Lima y si llega es poco el impacto que tiene. Es hora de ir pensando en cómo cambiar la manera en que los textos literarios circulan en el país. Pasemos, pues, a la sala secreta de este taller trujillano y leamos. 

El poema que abre la muestra se titula «Amordemia» y pertenece a Roxana Angelats. Un poema de lenguaje engañosamente sencillo y lírico de modo profundo, en el que se canta la imposibilidad de la plena realización del amor, es verdad, pero contiene también su solución: 


Pero si me pides,

quizá

que hagamos del amor una renuncia

entonces, sí,

te amaré en tu siguiente amanecer (p. 13)


A continuación, Julio César Bailón ofrece a la lectura el poema «Lo inexplicable», de indiscutible carácter filosófico, pues en su centro hay una intensa búsqueda ontológica, un reclamo de la unidad del ser: 


Muchos años en busca de una religión donde encontrarme,

en busca de un paraíso personal (p. 17)


Edith Martínez Luna presenta «Quién iba a imaginar», un texto breve, de corte epigramático y de ejecución impecable, sobre la sensación sonora y la finitud de la vida. Lo cito completo: 


Quién iba a imaginar que detrás

de esas puertas

hay música.

Un sonido muerto que se apaga

entre las aguas (p. 21)


Víctor Andrés Rivera, en tanto, plasma en el poema el uso del espacio y el juego tipográfico, señal inequívoca de vanguardia, para llegar a una reflexión existencial a partir de temas como el mundo familiar, la ausencia y la soledad: 


He sido amado tantas veces

y tantas veces he fallado

Mi sueño es amar

Pero me cuesta amarme

Me encanta ver el sol

pero vivo en la noche (p. 24).


Por su parte, Ever Oblitas evita con perspicacia los lugares comunes del nativismo para evocar la ciudad de Julcán desde la perspectiva de la persistencia, de la memoria, del ánimo de permanencia. Sin melancolía ni excesos telúricos, Julcán resiste: 


tus treinta mil lamentos sombríos

que incólumes a los dioses juegan al azote

sobre tu piel grieta y curtida (p. 28).


Nancy Romero escribe el poema «Tu silencio» y no deja de ser uno de los poemas más interesantes del conjunto, por la precisión de su lenguaje y el ritmo que mantiene al punto de ser una verdadera pincelada en la que aborda un tema de larga estirpe en la tradición poética, como muestra el intertexto quevediano, al aludir al célebre soneto «Amor constante más allá de la muerte». Permíteme, lector, que lo cite también íntegramente:


Tu silencio

¿Cómo quieres que respete tu silencio? Si dejaste tu voz en mi casa haciendo eco en mi corazón.

Sucumbe mis actividades, me oscurece el día.

Tu silencio me está rompiendo hasta pulverizarme.

Polvo seré y me desvaneceré feliz.

He sido amor en ti. 


Raúl Hernández Armijos escribe «Bajo los cristales». Una meditación breve que nos acerca al tema de la muerte, de la finitud de la vida. De esa conciencia aflora un sentimiento trágico, fatalista, ante el cual la acción humana es inútil: 


(...) ante la muerte,

nada se puede hacer.

Ni contener

su lluvia tristísima (p. 34) 


Ángela Mariñas es autora del poema «Vivir el clímax», una visión nostálgica de la concepción y su duración, el deseo de volver a las aguas del origen en el vientre materno, territorio que da la vida, pero asoma también allí su negación, la inexistencia: 


Quiero no ser antes de ser.

Volver al espacio en el que ellos se pertenecían.

Vivir en el clímax.

Volver a ser nada (p. 37)


Cierra la antología Rosa Rebaza Villalobos con «¡Perú, eres tú!», una invocación de tema patriótico y aliento cívico que nos invita al disfrute de una identidad casi siempre inasible y escurridiza. Una mirada optimista y alentadora en tiempos oscuros es cosa de agradecer. Se agradece también la publicación de los trabajos de un taller de poesía que permite vislumbrar la vigencia del ejercicio poético en el país y conocer un poco más a las voces que conforman el coro reunido en estos goces apátridas. 


Alonso Rabí do Carmo





Ficha técnica
Título: Nueve goces apátridas
Autoras/es: Roxana Angelats, Julio César Bailón, Edith Martínez Luna, Víctor Andrés Rivera, Ever Oblitas, Nancy Romero, Raúl Hernández Armijos, Ángela Mariñas, Rosa Rebaza Villalobos 
Género: poesía
ISBN: 978-612-48584-4-4
Sello/editorial: Infolectura Editorial 
Ciudad y año de publicación: Trujillo, 2021
Tamaño: 14.5 x 21 cm
Peso: 80 g
Páginas: 48
Precio de venta: S/ 10
Reseña de contraportada: Se entiende que los nueve goces son el resultado del placer o la posesión (efímera) del absoluto poético que buscamos atrapar infructuosamente cada vez que escribimos. Un goce, por lo demás, apátrida, es decir, sin nacionalidad y, por extensión, sin filiación, que no se puede atribuir a un tipo de poesía o corriente literaria. Lo que las une es precisamente el goce y la carencia de una atadura geográfica. Los apátridas son nueve y en ellos podemos rastrear temas como el amor dramático y erótico (Roxana Ivonne), la búsqueda ontológica (Julio César), la belleza de lo desconocido (Edith Gisel), la vuelta al origen (Víctor Andrés), la épica telúrica y andina (Ever), el amor místico e irreparable (Nancy Vilma), las frágiles fronteras entre la vida y la muerte (Raúl), la metafísica y la biología de la nada (Ángela Valeria) y la persecución del ideal patriótico (Rosa). Es curioso que entre todas las voces apátridas haya una que declare abiertamente su ligazón afectiva con el Perú. Los poemas Nueve goces apátridas persiguen y exhiben diversos niveles estéticos. Son la punta de la madeja que se desenredará del todo más adelante. (Luis Eduardo García)

Lugar de venta
Librerías web: Infolectura

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jueves, 11 de mayo de 2023

Cusco «dark»


«La autenticidad de sus personajes viene de cualquier esquina, no de elegantes vernisagges o simposiums con engolados escritores o pintarrajeadas poetisas. No carajo, viene de batallas callejeras, de todas las resacas y borradas de cintas en esas interminables rumbas, o de la escuchadera maravillada del chicucha que luego sueña y despierta para vivirla. Por eso su lenguaje está tan vivo que se hizo imprescindible un glosario de neologismos y barbarismos para léernoras y repollones», escribe David Rodríguez en la contratapa del libro.

Léernoras es una variación de lorna, persona lenta y fácil de engañar, usada por Valentina, uno de los personajes. Repollón, variación de empollón, dícese de la persona que estudia mucho. También Valentina pronuncia esta palabra. Mientras que chicucha sirve para referirse a un joven o jovenzuelo, como Abimael Robles, otro de los personajes, quien parece vivir ahogado en la chicha de las cantinas de mala y buena muerte del Cusco: bebida que con frecuencia consumen el resto de personajes, además de música death metal entre muros incas.

De esta manera, el libro propone, en boca de sus personajes, un interesante abanico de neologismos, que tienen su origen en la jerga local cusqueña entremezclada (como la chicha) con el lenguaje actual de la jerga digital de las redes y las comunicaciones por celular, de las que, ciertamente, es difícil escapar, aun más en una ciudad que se precia de cosmopolita, en pared con su historia ancestral de claves incaicas como el Cusco.

El libro en cuestión se titula Antares. Onírico manifesto (2022) y el autor es el cusqueño Carlos Alberto Rojas de la Torre (sin fecha de nacimiento declarada). Un conjunto de diez relatos que nos acercan al Cusco del siglo pasado y contemporáneo, poblado de su impronta tradicional, ritual, turística, de «marca Perú», pero también hiperconectado por internet, el consumo de alcohol y drogas, y problemas de tipo identitario y cultural. En todo caso, un Cusco que es vivido y observado por los ojos de personajes jóvenes, descreídos, conflictuados entre las redes y los muros de piedra que les gritan Historia; personajes que tienen nuevas maneras de ver el mundo y están dispuestos a romper el cerco, a hacer añicos la clásica foto postal cusqueña que solo muestra una cara de la moneda.


Los relatos

Un grupo de relatos de Antares. Onírico manifesto se ambientan en la época actual y pueden definir el corpus del libro. Entre ellos se encuentra «Valentina», que abre el conjunto, narrado por la voz de la protagonista homónima: una muchacha cusqueña acomodada de gustos lésbicos y vida disipada quien recala en una antigua casa del barrio de San Sebastián recibida en herencia. Allí se topa con una vieja pintura al óleo en la que se ve a una mujer de rasgos andinos. Pronto, Valentina se sentirá inquieta: la mujer es más hermosa que ella. Pero ¿quién es esa mujer? La historia dará un giro hacia el pasado y la celebración de ritos de limpia. En «Joven, aún», somos parte, mediante la historia de dos amigos, de un recorrido de disfrute y descubrimiento de la comida popular cusqueña de las zonas marginales, en contraposición con la comida gourmet que se ofrece en los restaurantes caros del turismo de lujo. La señora Markusa, quien vende chicharrones, y mamita Augusta, especialista en el manjar del caldo de cabeza de cordero, emergen como símbolos. La muerte, como el fino corte de un cuchillo, está presente hacia el final del relato. Mientras que, en «El último evangelio del Rocker», en un tono de humor, el autor cuenta la historia de un joven metalero, quien reclama a Satán su olvido de favorecerlo con dinero y comodidades, pese a haber cumplido con sus encargos en la Tierra.

Otros dos relatos se sitúan en el Cusco de finales de la década de 1980 y comienzos de 1990: «He pecado» y «Felicita». El primero muestra la incipiente movida de música subterránea en el Cusco, mediante la vida de Abimael Robles, un muchacho fanático de la música metal y sin trabajo conocido, quien deja embarazada a Elena. En tanto que es un embarazo indeseado, el aborto se plantea como una solución, pero Elena decide tener el hijo. Abimael, por su parte, preferirá recorrer el camino del mal y la delincuencia, y será parte de una organización de trafico de órganos. De esta forma, circunstancias insólitas van encontrando su cauce en la historia y en la vida de los personajes hasta llegar a un final inesperado. No obstante, la trama es sobrepasada por la crudeza del relato en la forma de ser narrado y el uso del lenguaje, y muestra, en realidad, la miseria de una generación hundida en la necesidad, en una sociedad que se sustenta en lo ancestral como un discurso edulcorado, que no beneficia a todos y mucho menos les presta atención.

Por su parte, «Felicita», el relato que cierra el libro, se ambienta en el primer gobierno de Alan García y podemos decir que se trata de un relato social. Cuenta la historia de una familia cusqueña humilde, pero próspera económicamente, que pronto se ve arrasada por las medidas del gobierno y el caos de la inflación, el terrorismo, las deudas con los bancos, los intereses, hasta un punto exasperante que conduce a una salida trágica ante la impotencia de no poder afrontar la realidad.

De esta manera, hay un contrapunto entre «Valentina» y «Felicita». En ambos relatos la protagonista es una mujer joven, y, si bien, ambas son diferentes socialmente, son habitantes de un mismo espacio como el Cusco, aunque en épocas distintas. Esto permite establecer una línea de tiempo para entender cómo ha cambiado la percepción de la ciudad en los habitantes, y cómo ellos y la ciudad se desenvuelven social, tecnológica y culturalmente. Mientras que Abimael Robles, de «He pecado», triangula esta realidad y nos muestra una cara distinta: el Cusco dark, secreto, de ocurrencias paranormales, violento y marginal; y el Cusco bajo las piedras y los rituales del mal, que preferimos ignorar. Así, estos tres relatos se convierten en el eje de Antares. Onírico manifesto y es por medio de ellos que Carlos Rojas exhibe sus mejores dotes en el uso del lenguaje y la recreación de la jerga local, la mezcla del quechua y las palabras gringas y foráneas, y el conocimiento de nuevas claves culturales híbridas que se han ido adueñando del imaginario cusqueño. A esto responde la necesidad de incluir un glosario después de cada relato. 

Al respecto, en los glosarios el autor no solo brinda el significado de los vocablos, sino en muchos casos y con cierta ironía deja sentir su impresión. Por ejemplo: Mote con queso: «Delicioso potaje peruano que aún no ha sido patentado por el gobierno chileno» (p. 158). O Yunza: «Alegre festejo propio de los carnavales en casi todo el Perú. Siguiente objetivo después de eliminar las corridas de toros, ahora debemos cuidar los árboles y no cortarlos ni en los carnavales» (p. 158).


Ritos, brujos y evocación

Lo ritual, el culto y el pago a las deidades, a los apus, a la Pachamama, o bien el incumplimiento de las ofrendas y la condenación por ello, son los temas centrales en otros relatos de este libro. En «El condenado y el caminante», uno de los personajes «debió de haber hecho algo tan grave que incluso la Pachamama lo detestaba» (pp. 81-82). También encontramos elementos oníricos y acaso fantásticos, el quiebre de la realidad, y la disipación de la mente de los personajes, como en «Cincuenta años». En otros, el rito es fundamental para comprender la realidad, por ello que los personajes sean chamanes y brujos, incluso fuera del contexto local, como en «Toroqniyoc», que establece relaciones con los brujos del norte peruano.

Mientras que, «Medio romano, medio blanco, medio amarillo», rompe con el conjunto del libro. Es la historia del gato Evaristo, imprescindible en la vida de don Belizario. Un relato de evocación y tono familiar, en el que la nostalgia, la fidelidad y la relación entre el hombre y el animal son las claves de la lectura


Magia y realismo

Antares. Onírico manifesto es un libro que se circunscribe en parte dentro de un realismo sucio, pero asimismo está colmado de un componente mágico, en el que los rituales, las creencias, los cultos (a veces ocultos), en diálogo con la naturaleza y sus elementos telúricos, no están ausentes. De manera que, no todo está dicho, siempre hay una ventana que todavía no se abre, y que no sabemos qué podemos ver a través de ella. Hay también en este libro una vitalidad vibrante, al mismo tiempo que oscura, que nos conduce a la felicidad, pero también nos arrastra al abismo como muy bien lo experimentan Valentina, Felicita o Abimael Robles, y acaso el propio Carlos Rojas, el autor del libro


Christian Reynoso





Ficha técnica
Título: Antares. Onírico manifesto
Autor: Carlos Alberto Rojas de la Torre 
Género: cuento
ISBN: 978-612-47027-7-8
Sello/editorial: Rey de Bastos
Ciudad y año de publicación: Cusco, 2021
Tamaño: 15 x 21 cm
Peso: 299 g
Páginas: 188
Precio de venta: S/ 45 (pedidos aquí)
Reseña de contraportada: La autenticidad de sus personajes viene de cualquier esquina, no de elegantes vernisagges o simposiums con engolados escritores o pintarrajeadas poetisas. No carajo, viene de batallas callejeras, de todas las resacas y borradas de cintas en esas interminables rumbas, o de la escuchadera maravillada del chicucha que luego sueña y despierta para vivirla. Por eso su lenguaje está tan vivo que se hizo imprescindible un glosario de neologismos y barbarismos para leérnoras y repollones. (J. David Rodríguez/Blac Poncho)
Biografía: Carlos Alberto Rojas de la Torre (Cusco, s/f) es diseñador y desarrollador web en la vida cotidiana, además oidor de historias, cultor de la música pesada y prodigiosa. Luego de macerar su experiencia cotidiana y liberarse con la literatura decidió escribir para dejar constancia de sus sueños y visiones en la ciudad turística más sobrevalorada del mundo. Después de publicar Antares. Onírico manifesto trabaja en lo que será su primera novela: El eólico y las fotovoltáicas.



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lunes, 1 de mayo de 2023

Memoria y oralidad

 

La Amazonía encierra un sinfín de mitos y leyendas que en el transcurso de la historia han pasado de generación en generación. Pensar en la Amazonía peruana es acercarse a sus ríos, su naturaleza exuberante y profunda, sus costumbres, su lenguaje, sus comunidades. Pensar en sus comunidades es enfocarse en quienes las conforman, las habitan y conviven, se relacionan día a día con esa naturaleza y su misterio. Entonces, pensar en la Amazonía es involucrarse con su cosmovisión. Y pensar en esa cosmovisión es comprender la importancia que tiene el desarrollo de una escritura a partir de leyendas amazónicas porque, mediante la transmisión de los mitos de una determinada región, se conserva la memoria y la oralidad.

A partir de esta breve reflexión, deseo comentar el libro que hoy nos ocupa: La niña y la boa de Daphne Viena Oliveira. 

El libro reúne once relatos escritos con un estilo sencillo. Al mismo tiempo, busca recuperar y transmitir la naturalidad y fluidez de los modismos amazónicos. Con estos, trata también de alcanzar una mayor diversidad en los textos urdidos, un acercamiento a la cultura y cosmovisión amazónicas por medio de anécdotas y pasajes que podrían parecer cotidianos, pero que, sin embargo, muestran la esencia del espíritu y mentalidad de esta región.

El libro abre con «Ojos de lagarto». En este relato nos encontramos con la oscuridad de la noche en la selva en medio del río, con la cotidiana presencia de un lagarto en una canoa de la que es desalojado. Río, pesca, humor, risas y misterio inundan el texto. «Ojos de lagarto» es la puerta de ingreso a ese espacio-tiempo que busca mostrarnos Viena Oliveira. 

«El regalo» es el título del segundo relato que explora, por medio de dos hermanos, Renato y Shamuco, las bondades de la selva. Está presente el sonido y la geografía de la zona. «Con mucha destreza saltaba con agilidad las quirumas y avanzaba rápido por las trochas». «Era capaz de escuchar el sonido de la lluvia antes de que lo hicieran los pájaros».

De igual manera la presencia de aves e insectos o el ruido del agua que se mezcla con un sonido muy especial e inconfundible (el llanto de un recién nacido), que permitirá encontrar al protagonista de la historia abandonado en medio del follaje. Hermandad, ausencia del padre y madre abnegada, así como creencias en las historias sobre los chullachaquis, las sirenas, los yacumanas y los yacurunas, son temas que Viena Oliveira intenta desarrollar en el relato, en una búsqueda de misterio y ternura.

En «Doña Guadaña», Viena Oliveira nos invita a ser espectadores de una historia más urbana, en un barrio de Iquitos. Los elementos que encontramos son una casita, una anciana poseedora de «mal carácter» y un machete en su cintura. Los cotidianos enfrentamientos de la anciana con el grupo de niños del barrio, las persecuciones y las huidas atraviesan la historia. En medio de todo está Marden «El Chueco», cuya provocación traerá consecuencias. En este relato, Viena Oliveira lleva adelante un intento por mostrarnos un retrato de una parte de la comunidad, una estampa de esos vecinos, sus formas de vida y sus maneras de relacionarse. Todo acto trae sus consecuencias, nos advierte Viena Oliveira.

Misterio y terror parecieran ser los ingredientes más importantes en «La calavera saltarina». La historia de amor de Antonio y los artilugios que utiliza para huir de la disciplina férrea de su padre lo conducen al encuentro con la calavera. Una vez más, Viena Oliveira nos previene: el temor al castigo del padre puede ser superior a cualquier miedo generado por una superstición, es decir, lo terrenal continúa siendo más fuerte. 

En «La niña y la boa», relato que da nombre al libro, encontramos una historia que realza la fortaleza, la valentía y el riesgo que asume una madre por salvar a sus hijos. Esa fuerza telúrica de la naturaleza, concentrada en una sola mujer, es capaz de enfrentar, de ser necesario, a los monstruos más feroces para defender la vida de sus hijos.

En «Los duendes de los Flores», asistimos a la representación de la relación del poblador con el hecho sobrenatural. La construcción de la familia y la convivencia de esta con la belleza de la naturaleza, y también, de manera indirecta, con el desastre provocado por el ser humano en la selva: 

«Algunos días, cuando el sol brillaba con tanta intensidad y no había señales de lluvia, Samuel caminaba con su familia hasta el borde del río Morona Cocha, que era una parte donde aún no llegaban los desagües, ya que estaba ubicado detrás de los aserraderos de la última cuadra del actual jirón Calvo de Araujo. El agua era limpia, que hasta permitía ver nadar a los pececitos muy presurosos, cuando sentían la presencia de extraños. Ahí la familia al igual que los peces y las algas, propias de los ríos de la selva, se bañaban nadando con mucha tranquilidad».

En este relato confluyen sentimientos de amor familiar, deseo de prosperidad, construcción de una vida en armonía, temor por posibles robos y pérdida de todo lo conseguido por medio del trabajo, así como agua contaminada por desagües, entre otras inquietudes. También nos encontramos con el desplazamiento geográfico de los personajes, ampliando la posibilidad de conocer otros territorios, su gente y sus costumbres.

«Los proyectiles del señor Puit» nos plantea la historia y construcción de un engaño. Retrata de alguna manera las creencias que pueden sumir en el temor y la superstición a toda una población que en realidad termina siendo manipulada por seres de carne y hueso. Un reflejo de la viveza de algunos individuos que continuamente encontramos en las noticias actuales.

En «Tapia», nos topamos con las premoniciones, sucesos extraños e inesperados, el mal agüero y la intuición, que invaden la tranquilidad y orden de la vida de doña Zully, la protagonista, quien se halla segura de que algo está por ocurrir y quebrará su rutina. En este relato también vemos retratada, como en una estampa, la organización de la vida en la Amazonía, las faenas diarias en el trabajo con la tierra y los animales, y llegamos a develar el significado de aquellos eventos que acorralan a doña Zully.

«Juegos en el pueblo» nos muestra a la niñez de un pequeño pueblo amazónico divirtiéndose con sus típicas actividades lúdicas. Se les siente en libertad, corriendo, riéndose, alegres. Uno de los juegos requiere que los pequeños se escondan. En medio de este esparcimiento, se pierde un niño pequeño que estaba al cuidado de su hermanita. Desaparece sin explicación alguna. La madre se enoja al punto de propinarle una patada a la muchacha, además de jalarle el cabello y amenazarla con una gran paliza si el niño no aparece. Viena Oliveira retrata la violencia desmedida en la reacción de la madre. Luego la búsqueda se hace coral y todo el pueblo sale a recorrer la selva. Esta historia, como otras en el libro, queda en el aire, incompleta, sin una pista de la resolución del conflicto planteado. 

En «Don Valentín y su quena», Viena Oliveira intenta trasladarnos a los carnavales en un barrio repleto de familias entusiastas. El colorido de las fiestas, los juegos, la pintura, la música y la quena de don Valentín son algunos de los elementos protagonistas. Tres días de fiestas, un personaje que preside un grupo musical y algunas familias que, de alguna manera, intentarán sabotear las celebraciones del carnaval.

«La cita frustrada» es el relato que cierra el libro. Un muchacho viajero, Raúl, ha llegado al barrio donde vive Imelda y su mamá. Recorre la ciudad con su amigo Nixon y, al regresar al barrio, se cruza con Imelda. Tendrán un pequeño encuentro de donde surgirá la promesa de volver a verse. Pero una cascada de sucesos será el mayor obstáculo. Relato que retrata una vez más a la madre violenta que, al parecer, castiga con chicotazos. A una hija a la que le molesta despertarse temprano, pero que al estar enamorada del recién llegado se levanta «irreconocible, barre y limpia toda su casa sin pelear con su mamá, sabe que tiene que obedecer para ganarse su confianza y poder salir para encontrarse con Raúl». 

Sería interesante e importante explorar otros caminos para contar historias de mujeres de la Amazonía o de cualquier territorio. Historias que huyan de lugares comunes y estereotipos contra los que se hace urgente dar voz a personajes femeninos con sueños, luchas, pasiones, enfrentamientos, logros, aventuras o nuevos conflictos por resolver. Personajes que nos muestren otras caras de las madres, ancianas, hijas, hermanas. Mujeres sabias poseedoras de un conocimiento ancestral. Esas otras caras invisibilizadas... no nombradas ni contadas hasta ahora.


Kathy Serrano




Ficha técnica
Título: La niña y la boa
Autora: Dahpne Viena Oliveira 
Género: cuento
ISBN: 978-612-5048-12-7
Sello/editorial: Trazos 
Ciudad y año de publicación: Tarapoto, 2022
Tamaño: 14.6 x 21 cm
Peso: 127 g
Páginas: 80
Reseña de contraportada: Daphne Viena Oliveira vuelve a comprometerse con la palabra para contarnos historias de la Amazonía, donde los mitos, las leyendas, las narraciones orales recogidas en las calenturas de las tullpas de las abuelas tienen vida, miradas de otorongo y ojos de lagarto. De forma directa, sencilla, coloquial, las narraciones se van entrelazando y tejiendo en estos relatos, donde los duendes, la flora y la fauna se humanizan, con el sonido hechicero de la lluvia. (Luis Alberto Vásquez)
Biografía: Daphne Viena Oliveira (Iquitos, 1970) se licenció en la carrera de Educación en la Especialidad de Lengua y Literatura, es magíster en Gestión Educativa y cuenta con dos doctorados en Educación (en Gestión Educativa y en Ciencias de la Educación). Es docente principal en la Universidad Nacional de San Martín, donde es decana de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas. Tiene estudios de Diplomado en Educación por el Arte. Se vinculó al teatro en la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana, activismo que la llevó a actuar en más de veinte obras de teatro universitario (MUTUP). Participó también en muestras de teatro independiente (MOTIN). Fue fundadora de la Asociación Cultural Pukamachki y de la Escuela Popular de Teatro de Iquitos. En Tarapoto, formó el taller teatral de la Universidad Nacional de San Martín y el Taller de Teatro de la Carrera de Idiomas. Ha publicado Leyendo y pintando con Daphne (dos volúmenes) y De mi juventud y otros cuentos. En colectivo, con el Centro Cultural ReZistencia, asociación cultural que preside, publicó en ReZistencia y sus cuentacuentos, ReZistencia y sus amigos y Selva y dolor (dos volúmenes).

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viernes, 21 de abril de 2023

Un libro para explorar


La cartografía es la ciencia que estudia los mapas, pero también el conjunto de métodos, instrumentos, medidas y datos geográficos que, una vez reunidos, son representados gráficamente sobre una superficie bi- o tridimensional, para dar a conocer un lugar o área. De esta manera, los mapas sirven como lugar de referencia y ubicación, y permiten situar al observador en el plano. Pero ¿qué sucede cuando un lugar no ha sido cartografiado, cuando no sabemos cómo llegar a él, ni cómo irnos, e ignoramos sus características, sus bondades, sus peligros? ¿O cómo situarnos ante una tierra desconocida que no está representada de manera tangible en ningún mapa? ¿Es esto posible? ¿Acaso por medio de la imaginación, la exploración, el descubrimiento?

A esto alude el libro de cuentos Tierras sin cartografiar de Edgar Iván House. Un libro —una tierra— que nos muestra lugares desconocidos y situaciones insólitas, acaso fantásticas, pero también con altas dosis de realidad y crudeza. El lector podrá explorar esta tierra aún sin cartografiar acaso con miedo, pero también con vehemencia en pos de descubrir esa porción de tierra que nos es desconocida, y que nos llama a tantear su ubicación, pisar su suelo, entender su verdad y sentir tanto su espacio como su tiempo.


El libro infinito

Edgar Iván House ha reunido en este volumen diecisiete cuentos breves e independientes. Sin embargo, en algunos casos puede establecerse vasos comunicantes. Los cuentos se ubican en la contemporaneidad y en épocas remotas, en los que juega con elementos de lo fantástico, lo increíble, lo paranormal, lo absurdo, a la vez de teñirlos con elementos históricos, mitológicos y bibliográficos, con el objetivo de establecer la verosimilitud de las historias y los personajes que intervienen en ellas. En todo caso, el lector sabrá discernir la realidad y la ficción que se circunscriben en los relatos.

Varios de los cuentos incluyen no pocos pies de página, que más que cumplir una función explicativa, refuerzan la narración y dan la posibilidad de ampliar la historia en otras ramas y temáticas como si se bifurcaran a partir de la historia madre, en lo que podría ser un continuum infinito o una caja china. Otros relatos incluyen una nota post scriptum (después de lo escrito) que, a modo de posdata, redondean la historia con finales alternativos. Interesante juego narrativo a los que recurre House y que, en la lógica de lo inexplicable y fantástico, abona en las historias, pues no debemos asumir necesariamente que los cuentos deben tener finales cerrados, aunque ello produzca desazón en algún tipo de lector. El infinito como una suerte de incertidumbre. El infinito como una manera de prolongar la palabra, sin fin.


Las historias

Las historias cuentan «cosas raras» (p. 94), que acaban de pasar, como afirma el personaje del cuento «Su voz quedó en el mar»: un muchacho, dueño de un hotel, quien un día recibe a una mujer joven que evita mirarlo a los ojos y a quien una mosca de cementerio sigue a todo lugar. La mosca será la clave para descifrar, hacia el final, que la mujer ha muerto hace años, ahogada en el mar, cuando era adolescente.

Otras historias nos relatan situaciones en las que los personajes tienen experiencias sobrenaturales y contacto con extraterrestres, quienes vienen a colonizar la Tierra o a aprehender materias y conocimientos de los humanos, o personajes que pretenden retener o regresar a través del tiempo con un propósito supremo como salvar de morir al ser amado, o personajes que se ven sobrecogidos por situaciones paranormales. Las enfermedades como las pestes y el cáncer están también presentes en la vida de los personajes, lo mismo que la muerte, siempre acechante como una manera de libertad, pero también como un encierro, puesto que no son muertes verdaderas porque siempre hay posibilidad de retornar a la vida, como el personaje de «En el aire esperan», en el que se narra que, en 1912, empezaron los experimentos de resucitación en los humanos, tras los intentos del doctor Everhard en Polonia. El personaje junto con un equipo de estudiosos logrará por fin encontrar la fórmula y cumplir con su cometido, pero sin contar con que los resucitados adoptarán otras almas, algunas «viejas y antiguas» (p. 81). De este modo, revivirán, pero siendo otras personas, sin concordar con quienes fueron en vida. Una situación que podría resultar pavorosa para los resucitados y que deja el sabor de cierto humor negro entre líneas. La misma idea, pero en un sentido diferente, aparece en «Yo, que he reflejado a todos». La historia de un hombre que, tras escuchar una voz en su cabeza que le dice: Antes de que anochezca, busca otro cuerpo, ocupará los cuerpos, los rostros, las voces y las vidas de otras personas en diferentes tiempos de la humanidad y planetas, hasta perder su identidad y convertirse en «una consciencia horrible, universal» (p. 89).

En otros cuentos, la religión y cierto cuestionamiento a la existencia de Dios son los temas medulares, en tanto lo sobrenatural y lo fantástico pueden ser insumos para acercarse a Dios al mismo tiempo de preguntarse si realmente existe en la vida y el universo. Miedo y desafío están presentes en estas narraciones. En «Y ante nosotros, el tiempo», una «mujer con alas, rodeada de un brillo natural, y hermosa» (p. 51), es decir, un ángel, huye del cielo y es encontrada por un hombre en la Tierra. El hombre, quien hace la limpieza en un hospital, le dará cobijo. Ella le contará que Dios se fue del cielo, que nos hemos quedado sin Creador, y que el mundo será conquistado y destruido al igual que el Paraíso. El hombre preguntará entonces: «Si Dios ya no existe, ¿qué va a pasar con mi alma si muero? ¿Va a seguir existiendo o se destruirá sencillamente?» (p. 56). En esta línea, en el cuento «La solución a la soledad de los monstruos», el personaje se compara con Dios. Es la historia de una niña que crece hasta convertirse en una gigante capaz de estar a ras del cielo. Razón por la cual se siente muy sola, para enseguida confesarnos: «de noche miro arriba y me doy cuenta de que hay otro ser igual a mí: Dios. Él también está solo en medio de sus estrellas, siempre eterno en medio de una creación que es pasajera. Con el tiempo he entendido que Dios hace nacer criaturas solitarias para ver reflejado su propio drama. Tal vez tiene la esperanza de que uno de esos seres únicos y tristes le dé la solución y la escapatoria a su propio problema» (p. 66). Poco después, la niña gigante tomará una decisión inesperada.

El tiempo, por último, es otro leitmotiv presente en las historias de House. ¿Qué es el tiempo? ¿Cómo lo percibimos? ¿Cómo puede cambiar el sino de nuestra existencia? En el cuento «En una isla griega», una mujer se traslada a Grecia para cuidar a una niña, pero pronto su celular, su televisor y otros artefactos modernos desaparecen. El misterio tiene que ver con un territorio vedado de la isla en el cual todavía se vive el tiempo primitivo de la Historia, al cual la mujer se ha acercado llevada por la curiosidad. Luego, ella será objeto de una regresión y sufrirá el misterio del tiempo hasta convertirse en una primate. En esta historia, lo contemporáneo juega en paralelo con el origen de la humanidad, en un péndulo entre pasado, presente y futuro, que nos muestra que los seres humanos no siempre evolucionamos como se podría creer.

Historias de este tipo son las que presenta Edgar Iván House en este su segundo libro de cuentos, Tierras sin cartografiar, haciendo uso además de un lenguaje llano que pronto envuelve al lector y lo induce a querer ser partícipe de las historias, o, por el contrario, a mantener una sana distancia ante lo inesperado y las posibilidades infinitas. Pero, ciertamente, Tierras sin cartografiar arrastra al lector a un mundo poblado de personajes extraños que viven situaciones aun más extrañas dentro de una realidad paralela que tal vez existe en tierras todavía por descubrir y que pueden estar muy cerca de nosotros sin que nos hayamos dado cuenta. Como un mapa, frente a nuestros ojos, que no queremos desdoblar o extender sobre la mesa.

Tierras sin cartografiar forma parte de la narrativa fantástica que se está escribiendo en el Perú, de la cual cada vez hay más cultores y estudios en torno a este tipo de ficción, en un escenario dominado por una literatura realista.


Christian Reynoso




Ficha técnica
Título: Tierras sin cartografiar
Autor: Edgar Iván House 
Género: cuento
ISBN: 978-612-48412-4-8
Sello/editorial: Prometeo Desencadenado 
Ciudad y año de publicación: Chiclayo, 2021
Tamaño: 14 x 21 cm
Peso: 177 g
Páginas: 104
Precio de venta: S/ 30
Reseña de contraportada: Tierras sin cartografiar eran los territorios que no habían sido suficientemente explorados, y que todavía podían contener monstruos y árboles, serpientes y razas de personas aún no conocidos. En este libro de cuentos casi mágico, Edgar Iván House nos entrega historias que son un catálogo de horror y de buena imaginación: Un olvidado dios que de cuando en cuando dibuja mapas en la piel de las personas; una mujer resucitada a la que toda su vida persigue una mosca; un ángel que nos cuenta sobre la mascota que un día tuvo: un velocirraptor; un hombre que encuentra un hechizo para entender lo que dicen los animales y al que la conversación de unas serpientes acabará por volver loco. Y hay paisajes más terribles en este libro. Esperemos que Edgar Iván House siga cartografiando esas tierras en donde aún quedan misterios, criaturas sin nombre y peligro..
Biografía: Edgar Iván House (Lambayeque, 1987) se graduó como docente en la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo. Vive y trabaja en la región Amazonas. Ha escrito el libro de cuentos El tiburón ha renunciado al fuego.

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martes, 11 de abril de 2023

El espesor de un lenguaje


La poesía, entre otras cosas, es el terreno de las experiencias intransferibles. En un sentido o en otro, la palabra marca derroteros en los que la experiencia se enmascara en el lenguaje: no hay poesía autobiográfica, hay poesía de la experiencia y la existencia transmutadas en lenguaje. Braulio Muñoz comprende muy bien esta regla y en su reciente poemario, titulado significativamente Yaraví (2021), plantea un tejido textual en el que se entremezclan variados elementos: la memoria familiar, la reminiscencia de la infancia, la migración, la tensión entre lo rural y lo urbano e incluso la escritura misma. Difícilmente se podría tratar de sucesos imaginarios porque, al ser transportados al orden de la ficción, mantienen la fuerza de lo vivido, algo que permite al hablante alcanzar cuotas de intensidad expresiva que de otro modo se leerían como imposturas sin valor. 

Sin duda, el título del libro es una buena puerta de entrada al discurso que contiene ya un rasgo prominente en él: la hibridez. Aunque el yaraví es hoy una forma poética en desuso, su lugar fue ocupado por un tipo de composición musical que privilegia el canto sentimental, el luto amoroso, el tono de lamento. Promovido por el poeta Mariano Melgar en el siglo XIX, el yaraví se caracterizó por sus versos breves y su rima ágil, combinando el influjo del antiguo harawi quechua con el ánimo expresivo de la poesía trovadoresca. Se trata, pues, de un género mestizo, condición, huelga decirlo, que es tierra fértil para la hibridez. Usar la palabra «yaraví» en el título transparenta no solo una elección concreta, muestra también filiaciones culturales. 

El libro se divide en tres partes y esa división resulta clave para entender el proceso que se describe en los versos de Yaraví. Ese proceso alude a las transiciones que vive el sujeto en algunas líneas de su evolución social y cultural. La primera parte transcurre en el «Desierto», transmutación del Chimbote natal, donde se van sucediendo fragmentos que retratan la añoranza por un pasado ya perdido y escenas de infancia y adolescencia que marcan a fuego el acto de recordar escenas a la larga fundadoras. Si se quiere, esta primera parte es la más decididamente lírica. En algunos poemas de esta parte del libro los intertextos revelan con claridad la manera cómo el hablante, mediante su discurso, se inscribe en la tradición. Así, en el quinto poema, se lee lo siguiente: «Recuerdo tu regazo tibio/ con aroma de familia en cena/ tus nanas se trenzaban/ con el canto de los grillos en los gamalotales/ me sentías llorar/ venías a mi lado/ nada te va a ser daño hijito/ me peinabas los cabellos/ con tus dedos suaves/ me contabas de cuando eras niña/ la abuela Gumercinda/ te llevaba de la mano/ por paraísos perdidos/ yo te seguía hilando/ sudarios para mis miedos/ hamacas para mis sueños» (p. 15).

El poema citado sin duda plantea un diálogo con textos como «El hermano ausente en la cena pascual» de Abraham Valdelomar o «A mi hermano Miguel» de César Vallejo. En ambos textos, como en el poema de Muñoz, se canta la ausencia que una memoria melancólica no llega a colmar, y en medio de eso la figura de la madre, espacio del afecto, metáfora de la vida. En común tienen también ese profundo sentido de la intimidad, así como también un espacio ajeno al tráfago citadino. Hay algo irrecuperable en los tres poemas, pues la memoria intenta reconstruir lo que en realidad es un paraíso perdido. El poema de Muñoz, en ese contexto, es una relectura inteligente y sensitiva que establece una red de vasos comunicantes con sus predecesores. La primera parte es también la geografía local.

La segunda parte se titula «Esquinas» (ya podemos ir pensando en este libro como un díptico) y allí se representa al sujeto en entornos urbanos, enfrentando la noche y los avatares propios de la especie de flaneurismo que funda en sus recorridos. La calle, espacio crítico y violento, pero también escenario de encuentro cultural, de interacciones sociales y lingüísticas, material que el libro aprovecha muy bien. El rasgo que mejor conecta a estas dos partes, además del ejercicio de la memoria, es el ánimo polifónico, la inserción de numerosas voces autónomas (incluso en otras lenguas) que dan cuenta de una visión de lo «moderno» en sus formas sugerentes y a veces caóticas. 

El propio autor, entrevistado en el portal Vallejo and Co., señalaba que su intención era que el sujeto hablante de este libro fuera capaz de expresar la condición del hombre moderno. El hablante de este libro, es mucho más que el simple habitante de un puerto de la costa norte del Perú porque su lenguaje constituye un orden más complejo: tiende a lo coloquial en la primera parte, «Desierto», mientras «Esquinas» muestra cierta decantación hacia una dicción barroquizante. La experiencia, sin embargo, tiene el mismo perfil: el profundo desencanto por la vida contemporánea, una visión crítica de la vida y el indeclinable afán del recuerdo, paliativo insuficiente para estos males. Así, en uno de los poemas de «Esquinas» se puede leer: «En noches anhelantes prometimos/ tocar sinfín de campanas/ para construir un mundo nuevo/ pero el diario estregar minó/ lo barruntado y las noches/ no trajeron impolutas alboradas/ fantasmagoría de ese puerto recién nacido/ las ilusiones parecen atizar destinos/ solo cuando el impertérrito ojo duerme/ fuerza corazón otros han de tomar/ esta esquina para incubar nuevos sueños/ la noche ha de alumbrar otros mundos» (p. 46).

La tercera y última parte se titula «Mar» y puede leerse como una síntesis del lenguaje de la primera y la segunda parte. Esta vez se incluyen onomatopeyas de manera casi obsesiva, representando el oleaje y entre ellas interviene el hablante con su discurso, nuevamente instalado en la memoria. La voluntad experimental se acentúa y el hablante saca partido del material sonoro para elaborar la mayoría de poemas de este apartado. En el poema «II», por ejemplo, encontramos los siguientes versos: «¡plumm!.../ los apanquras/ incansables carreteros/ se alzan en seis zancas/ me clavan la mirada/ suishh.../ el ojo siembra jirones/ en neblina escarmenada/ el Apu mecxe las lanchas/ pájaros avivan la mañana/ mis pasos ganan silencio/ suishh...» (p. 72).

La coda del libro es una invocación en la que se recupera el tono lírico, especialmente en los dos versos finales. Esa representación lírica, sin embargo, va acompañada de una actitud reflexiva en torno a la realidad social: «En el polvo de calles y callejones/ me siento liado a mi tiempo/ por madejas de esperanza/ no llego a barrer o sembrar verdades/ regreso arrastrando cadenas usadas/ para denunciar el todavía lo mismo/ la gente despierta tolvaneras/ a ritmo de corazones magullados/ me acomodo el gorro/ es aquí y ahora amor/ enlacemos brazos Mirla, ahora y como siempre» (p. 95). 

Con Yaraví, Muñoz logra una poesía que a la sencillez de sus temas añade el espesor de un lenguaje rico en ritmos y resonancias. Se instala en una orilla crítica de la modernidad y conmueve el intento del hablante por recobrar aquello perdido para siempre, reemplazado por la crispación y el desasosiego. Tengo la certeza de que futuras lecturas de este interesante libro ahondarán con mayor profundidad en uno de los aspectos (una de las lecciones) que pone de relieve su lectura: la capacidad de unir el tono lírico amoroso con el ejercicio de observar el entorno social y escuchar (y escribir/inscribir) sus voces.


Alonso Rabí Do Carmo





Ficha técnica
Título: Yaraví
Autor: Braulio Muñoz 
Género: poesía
ISBN: 978-612-48718-3-2
Sello/editorial: Centro Peruano de Estudios Culturales-Pan Óptico
Ciudad y año de publicación: Lima, 2021
Tamaño: 14.5 x 20.5 cm
Peso: 137 g
Páginas: 104
Precio de venta: obsequio en las librerías Escena Libre (avenida Camino Real 1075, San Isidro), Sur (avenida Pardo y Aliaga 683, San Isidro) y La Inestable (calle Porta 185 B, Miraflores). 
Biografía: Braulio Muñoz (Chimbote, 1946) es escritor, periodista, sociólogo y antropólogo. Estudió Física y Filosofía en la Universidad de Rhode Island y se doctoró en Sociología por la Universidad de Pensilvania. Ha sido catedrático en la Universidad de Pensilvania (1974-1977) y en Swarthmore College (1978-2019). Es autor, entre otros libros, de The Peruvian Notebooks (2006), Alejandro y los pescadores de Tancay (2007, premio International Latino Book Award), Los apuntes de Alejandro (2009) y El Misha (2014).

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sábado, 1 de abril de 2023

Como Suwa en Kuankus


Como todo arte, la poesía ofrece una mirada del mundo. Esta mirada particular de cada poeta se verá nutrida de muchas fuentes, como su lugar de origen, su territorio, su entorno familiar y social, las comunidades que integre, su lengua materna y todas las vivencias, tal vez en gran parte de la infancia, que perduren en su memoria. Visto de esta manera, podríamos encontrar en la producción poética innumerables miradas que nos acerquen a mundos diversos. Sin embargo, el canon literario peruano se ha configurado por mucho tiempo sin mayores bemoles, omitiendo entre sus representantes y obras «fijadas», la literatura amazónica, la literatura en lenguas originarias, literaturas regionales e incluso una escasez de escritoras ante un canon principalmente masculino y centralista. 

Los tiempos están cambiando y la publicación de Sanchiu de Dina Ananco es una bocanada de aire fresco para la poesía peruana actual. El primer poemario escrito en lengua wampis, y versionado al español por la misma autora, nos ofrece una mirada del mundo amazónico, desde una identidad compleja y única en su género. La voz que nos habla en los poemas de Sanchiu es claramente una voz de mujer, una mujer awajun-wampis, pero también una mujer migrante que reconoce en ella huellas de la opaca ciudad en la que hoy radica y considera su hogar. Esta voz poética de mujer nos habla también desde sus diversas facetas: madre, hija, amante, universitaria, ciudadana, heredera y defensora de saberes ancestrales recibidos por medio de la oralidad.

El título Sanchiu se debe al apellido de la abuela materna de Dina Ananco, que además aparece retratada en la portada del libro. Este homenaje nace de la sabiduría de la tradición awajun-wampis que transmitió a la autora por medio de la oralidad. «En tus ojos conocí la historia de mis ancestros”, “En tu palabra conocí a mi familia / Escuché el anen / Inhalé el tabaco». Partiendo de su figura, el poemario ofrece también un homenaje a todas las mujeres wampis, y reconoce en ellas una situación de desprecio y violencia, que no les permite contar con las mismas oportunidades que sus pares hombres. En el poema «Mujer», denuncia: «Dices que respetas a la madre Nunkui / Pero arrojas a tu esposa al suelo y la pateas / La mujer es débil, dices / Dices que respetas a la mujer / “La mujer no puede estudiar porque se embaraza”, sueles decir». Asimismo, en el poema «Palabra del hombre wampis», evidencia la condición relegada de la mujer en la comunidad: «Nunca se escucha la palabra de la mujer / Las mujeres son come piojos / Hablan sin fundamento / No seas como una mujer». Esta condición se ve refrendada por la tradición awajun-wampis, pero ante ello, no se muestra sumisión, sino se levanta la voz, como en el poema «Soy mujer y puedo»: «No soy un árbol para quedarme muda / mientras golpean mi tronco. / No, y no / no soy una tortuga para que me maten a golpes, a machetazos / mientras mi corazón palpita».

En el poema «No sé ustedes», la voz única y a la vez múltiple pone sobre la mesa el tema de la identidad y cómo esta se construye. Entre símbolos provenientes de la tradición wampis como el tarach (atuendo tradicional), aretes de pluma, collares y pulseras de semillas, un labial rojo reemplaza al achiote para pintar su cara con las líneas de sus ancestros. Otros elementos contemporáneos como las redes sociales, los likes, los taxis por aplicativo, pasan a ser parte del día a día de la voz poética y forman parte también de la construcción de su identidad múltiple. El cambio de vestimenta podría representar ese supuesto paso de una identidad a otra, como si bastaran estos atuendos para ser wampis ante los otros, problematizando también el tema de la exotización de la cultura. La confesión final en el poema deja ver un cuestionamiento sobre su identidad, pero a la vez, un saberse de todas partes, asumiendo esta voz múltiple cuyas raíces interminables la emparentan no solo con su lugar de origen, sino con todos los que transita, conoce e influyen en ella en el transcurso de su vida. La mención de Suwa, mujer convertida en árbol de huito según la tradición oral awajun, situándola en Kuankus, río perteneciente a Ecuador, donde la comunidad de los shuar cuentan otras versiones de la misma tradición, reafirma esta idea de cómo los saberes y culturas se entrelazan para construir la identidad. «No sé ustedes, / Pero yo no me conozco / Y me prefiero así / Ser de todas partes / Con una raíz interminable / Como Suwa en Kuankus».

Se retoma esta identidad múltiple en el poema «La pureza ambigua», al cuestionar la idea de pureza de la cultura wampis, que refleja un desdén ante aquello que viene de fuera: «Sí, debe sentirse uno el absoluto placer al llamarse puro / Tan ambiguo / Como yo en mis diversas culturas y / Caminos recorridos de la vida / En tantos continentes de la experiencia / Tan cósmico como la vida breve hacia la eternidad».

A lo largo del poemario se presentan referentes de las culturas awajun y wampis, como deidades, líderes de la comunidad, guías espirituales y personajes de la tradición oral. Por lo general, la voz poética dirige cuestionamientos a estos referentes, queriendo conocer sus secretos: «Cuántos anen habrá cantado / Cuántas cabezas habrá visto cortar. (…) Cómo llegaste a ser pamuk / Enséñame, le puedo decir», o los nombra para interpelar a otros miembros de su comunidad en la defensa de su territorio: «¿Por qué no cuidas tu territorio? / Si viviera Mikut, se avergonzaría de ti. / Cuida el Río Santiago, cuida el agua. / se está contaminando», o en el respeto a las mujeres: «Si conoces a la Nunkui / Si por donde caminas recuerdas siempre a la Nunkui / Piensa, Nunkui es mujer». Cabe mencionar que al final del libro se incluye un glosario, con varios términos wampis mencionados, que será de gran ayuda durante la lectura para quienes leemos la versión en español de los poemas.

También cobran protagonismo en el libro los árboles, las plantas, los animales, los seres vivos en general con los que se dialoga y se convive en armonía. En poemas como «La enfermedad» y «Guardianes del bosque», se refleja la importancia de las plantas medicinales para curar a los wampis, así como el respeto del bosque y de los seres que lo habitan. Se conocen también las propiedades del ajej o kion, en el poema que lleva su nombre. Se personifica al árbol de awan o caoba, imaginándolo sonriente y educado, saludando a los transeúntes. En «Cantan», se añora los sonidos de la selva, los cantos animales que se escuchan al recorrerla, y la voz poética se emparenta con ellos y la naturaleza: «Allí estoy yo también / aunque me sienta triste / sonriente ando». Algunos animales, según la tradición, provienen de personas que se transformaron en ellos y también cuentan con saberes. Por ejemplo, se le pedirá al auju o ayaymama que le ayude a encontrar la verdadera arcilla para aprender a hacer una tinaja. Así, la sabiduría ancestral también proviene y se ve encarnada en la naturaleza, de ahí la importancia de la defensa del territorio, en poemas como «Mikut», o de la interconexión entre todos los seres y elementos de la naturaleza, las comunidades y los seres humanos, como en «Sutil conexión»: «No hay awarun sin el wampis / No sería Estado sin el awarun y wampis / No hay un tú sin mí / No hay un yo sin ti». Este poema también nos interpela en cuanto a la ausencia del Estado en muchas zonas de la Amazonía. Ante esta situación, en el poema «Los sueños en la pandemia» se nombra la injusticia y el abandono, pero se resalta la resistencia del pueblo amazónico: «Si decimos que fue fruto de un sueño / para que nuestra bandera / flameara de rojo y blanco / ¿qué color debemos soñar para ser libres? / El verde de la amazonía es nuestra esperanza / ¿el verde de nuestros bosques es también nuestra perdición? (…) Resistimos para resistir. / Soñamos para resistir. / Tan frágiles pero indomables / como los ríos / fluimos, fluimos».

Dina Ananco nos presenta en Sanchiu el primer poemario en lengua wampis y español, pero además nos remueve con una voz poética de mujer que cuestiona, denuncia, pero también celebra el bosque, sus tradiciones y todas las raíces, amazónicas y no, que confluyen en ella, que no es «de acá ni de allá», sino de todas partes, como Suwa en Kuankus.


Becky Urbina





Ficha técnica
Título: Sanchiu 
Autora: Dina Ananco 
Género: poesía
ISBN: 978-612-429758-8
Sello/editorial: Biblioteca Tlakatlpacha Poesía-Pakarina Ediciones
Ciudad y año de publicación: Lima, 2021
Tamaño: 19.2 x 19.2 cm
Peso: 197 g
Páginas: 128
Precio de venta: S/ 35
Reseña de contraportada: Sanchiu, de Dina Ananco, instala la cultura wampis en el panorama de la poesía peruana. Se trata de una voz poética que escapa del ritual para situar en primer plano las vivencias, la memoria actualizada, sus dioses y sus espíritus. Estructura directa de imágenes sucesivas y fluidas, río-bosque-comunidad-mujer, que se percibe en la lengua replicando un tono que interpela y que, por momentos, parodia la vida moderna —pienso en «Atumsha urukarmetsu»/ «No sé ustedes»—. Al final, es eso, palabra tierna y luchadora «Wampis nuwa asam/ Awarun nuwa asam (porque eres mujer wampis/ porque eres mujer awajun)». Este poemario escrito en lengua wampis es palabra transgresora que azota al castellano. Sanchiu, cuestiona, o mejor, reubica la función del tradicional anen y nampet; revela el acto poético como esencia sanadora o canto ritual; es verso donde el pueblo wampis se expresa con sencillez compleja, evocando el mito y la vida actual; por ello es poesía dadora: «Pujutnasha itamainitjai wi wakerakun (Puedo dar la vida cuando quiero)». Un poemario con río, bosque y mito, como golpe: tierno y batallador. (Gonzalo Espino).
Biografía: Dina Ananco (Bagua, 1985) es awajun por parte de padre y wampis por parte de madre, ambos pueblos de la región Amazonas en el Perú. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y una maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana en esta misma casa de estudios. Se desempeña como traductora e intérprete de lenguas indígenas y en 2021 publicó el primer poemario peruano escrito en wampis.

Lugares de venta
Librerías: El Virrey (calle Bolognesi 510, Miraflores), Lancom Bookstore (avenida Petit Thouars 5550, Miraflores), Sur (avenida Pardo y Aliaga 683, San Isidro), Centro de Estudio Literarios Antonio Cornejo Polar (avenida Alfredo Benavides 3074, urbanización La Castellana Miraflores), Libun (avenida Petit Thouars 4799, Miraflores), Ccori Wasi (avenida Arequipa 5198, Miraflores), San Cristóbal (jirón Camaná 1039, Lima), PUCP (avenida Universitaria 1801, San Miguel), URP (avenida Alfredo Benavides 5440, Santiago de Surco), FCE de la UNMSM (avenida Universitaria con calle Germán Amézaga 375, Cercado de Lima).
Librerías web: Libros Peruanos

Información de interés
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